El de la legitimidad es un concepto profundamente estudiado y profundamente debatido. Y que al final sólo puede definirse de manera tautológica, es decir, perogrullesca: legítimo es aquello que la gente percibe como legítimo.
Como todos los conceptos que resultan difíciles de definir, el de legitimidad se comprende mejor recurriendo a los ejemplos: Felipe II era un rey legítimo, porque nadie discutía su derecho a ceñirse la corona.
Obsérvese que la legitimidad no tiene nada que ver con el origen de ese "derecho a ejercer el poder". Mientras que un Felipe II obtenía su legitimidad por razones hereditarias, los actuales gobiernos democráticos son percibidos como legítimos porque la gente los elige mediante votaciones periódicas. En el primer caso, la gente consideraba natural e incuestionable que la corona fuera transferida de padre a hijo. En el segundo caso, la gente considera natural e incuestionable que debe gobernar quien la mayoría prefiera. Al final, eso es la legitimidad: lo que la gente considere "natural e incuestionable" en cada momento histórico.
El concepto de legitimidad no se aplica sólo a quienes tienen la responsabilidad suprema de gobierno, sino a todo el sistema de gobierno en su conjunto. Así, cuando se produce un movimiento de resistencia a una dictadura, porque se ha producido una quiebra de la legitimidad, esa quiebra no afecta únicamente al dictador, sino a todas aquellas instituciones en torno a las cuales se estructura el sistema y a través de las cuales ejerce su poder. Por ejemplo, la Justicia.
Cuando el común de la gente percibe como legítimo un sistema de gobierno, ejerce una autocensura que hace casi siempre innecesaria la labor de coerción. En esos casos, el papel de la Justicia se reduce a dotar de solemnidad a las cosas que todo el mundo percibe de antemano como justas. Pero cuando la legitimidad se pierde, cuando el gobernado empieza a cuestionar los fundamentos ideológicos en los que descansa el "derecho a ejercer el poder" y se enfrenta al gobernante, la Justicia, como parte del sistema de ejercicio del poder, no tiene otro remedio que ejercer una labor cada vez más coactiva.
Y así, lo que comienza como una simple aplicación de castigos ejemplares al discrepante ocasional, termina convirtiéndose en una espiral de acción-represión-reacción que termina dando al traste con el sistema en su conjunto. Porque esa labor de castigo cada vez más frecuente no hace sino minar poco a poco la percepción de legitimidad del sistema y acaba por convencer al gobernado de que la Justicia está al servicio del mantenimiento de un poder injusto. De que la Justicia no es sino un mero apéndice del poder, encargado de reprimir al discrepante. Y esa auto-deslegitimación de la Justicia es el mejor síntoma de que un ciclo llega a su fin.
Porque quien sabe que su poder está seguro no tiene necesidad de reprimir. Por el contrario, si un poder se tambalea, es imposible reprimir a todo un pueblo cuando éste se da cuenta de que quien ejerce el poder no tiene derecho a ejercerlo. Es decir, cuando el pueblo se da cuenta de que el actual estado de cosas no es ni natural, ni incuestionable, y de que el poder está siendo ejercido ilegítimamente.
Y eso es lo que le sucede a la casta política que gobierna España actualmente: que hace mucho tiempo que perdió su derecho al ejercicio del poder.
No el que tú me hayas mentido,
sino el que yo ya no te crea a ti,
eso es lo que me ha hecho estremecer
(Friedrich Nietzsche)
Cuando el miércoles pasado conocimos los resultados de la enésima reunión entre Zapatero y Rajoy, el mensaje que se intentó vender desde las filas populares era que se había producido un acuerdo total en materia antiterrorista, gracias a la rectificación del Gobierno; que se había producido un acuerdo parcial en materia de renovación de puestos en el CGPJ y el Tribunal Constitucional; y que había habido un desacuerdo total en todo lo relacionado con la marcha de la economía.
Sin embargo, analizando los puntos en los que se plasmaba el supuesto acuerdo total en materia antiterrorista, quedaba inmediatamente claro que desde el PP se nos intentaba vender una burra enferma: ni se había alcanzado un acuerdo para revocar la resolución parlamentaria que autoriza a negociar con ETA; ni se había puesto fecha a la disolución de los ayuntamientos gobernados por proetarras; ni se había concretado ninguna medida efectiva que permitiera vislumbrar que esa rectificación del Gobierno se había producido en realidad. Todo se reducía a una mera declaración de intenciones en la que se apostaba por el respaldo a las víctimas (¿incluye ese respaldo atender a las peticiones de justicia realizadas por las víctimas del 11-M?) y por la derrota judicial y policial del terrorismo.
De hecho, el supuesto acuerdo que tan a bombo y platillo se nos vendía estaba acompañado de una primera cláusula que invitaba a todo, menos a la tranquilidad. Se trataba de una cláusula en la que se abogaba por la unidad "de todos los demócratas" frente al terrorismo, asumiendo así el lenguaje utilizado por el PSOE en la parte final de la última legislatura. ¿Qué quiere decir en esa frase la palabra "demócratas"? ¿Se incluye dentro de ese acuerdo a los "demócratas" que, por proceder del nacionalismo radical, comparten objetivos con la banda terrorista ETA? ¿Se está con esa declaración anunciando la sustitución del fallecido pacto PP-PSOE por otro pacto que abarque incluso a quienes, desde el nacionalismo, han declarado por activa y por pasiva no querer la derrota de ETA?
Estaba claro que, con el cuento de una supuesta rectificación por parte del Gobierno, se nos estaba intentando vender lo que no es sino un acercamiento del PP a los postulados defendidos por Zapatero. Ni había habido rectificación, ni existía la menor intención de rectificar por parte del presidente del Gobierno. Quien sí ha rectificado es Rajoy, en consonancia con el giro pronacionalista que el PP ha experimentado desde las pasadas elecciones. Giro pronacionalista que se ha puesto de manifiesto en la defenestración de aquéllos que, como María San Gil, podían oponerse a ese giro; que se ha puesto de manifiesto en la promoción de quienes dentro del PP abogan por una suavización del perfil nacional del partido y que se ha puesto de manifiesto en la catarata de declaraciones y gestos bochornosos (Basagoiti repartiendo estopa a Mayor Oreja y a Redondo Terreros; Sánchez-Camacho intercambiando palmaditas con ERC; Núñez Feijoo reclamando dobles nacionalidades para los gallegos...) que hemos podido contemplar en las últimas fechas.
Por si acaso quedaban dudas sobre el paripé montado en torno al supuesto acuerdo PP-PSOE en materia antiterrorista, hoy Rajoy ha tenido que salir al paso para asegurar que de ese acuerdo están excluidas las negociaciones con ETA, después de que Zapatero le dijera al representante del PNV que el acuerdo alcanzado con el PP no rechaza "un final dialogado" del terrorismo.
Malo es que el PP haya renunciado a su condición de partido nacional. Malo es que el PP se haya sumado a esa estrategia consistente en acompasar los tiempos de los distintos procesos que hay en marcha, para que la sociedad española termine aceptando el modelo confederal a cambio de la desaparición de ETA. Pero todavía peor es que el PP considere que sus votantes son sujetos infinitamente manipulables, a quienes se puede hacer comulgar con la rueda de molino de esa estrategia sin más que adornarles un poco la escena y realizar tres gestos vacíos de contenido.
Supongo que habrá quien compre esa mercancía. Pero me da la sensación de que muchos otros votantes del PP no están por la labor. Y de que el PP está, de nuevo, minusvalorando a esa fracción de sus votantes.
O de ex-votantes, deberíamos decir, porque lo que se ha producido a raíz de las últimas elecciones generales es una quiebra de la confianza que muchos habían, habíamos, depositado en el PP hasta ese momento.
Porque, como dice la cita que encabeza este hilo, lo malo de una mentira no es la mentira en sí, sino la imposibilidad de volver a confiar en el mentiroso.
En Diario Liberal se han publicado también varios análisis de interés, como los dos artículos escritos por nuestro contertulio Rafael Gómez-Coronado acerca de los sucesos de Leganés y el artículo de Antonio González Mesa sobre la sentencia, que tiene por título ¿Conspiración derribada?.Sé que a pesar de todo lo que antecede serán muchos los desalmados que insistirán en calificarme de conspiranoico, término utilizado por los interesados en que yo no conozca el nombre del asesino de mi hijo. Mienten. Les consta que no conspiro y que pregunto por lo mismo que ellos preguntarían en mi lugar. Son otros los que conspiraron y conspiran para que no sepamos los nombres de quienes destrozaron la vida de centenares de familias. Y no conspiran por el placer de conspirar. Conspiran porque les va mucho en ello. Algo más de muchísimos años de cárcel y el buen nombre del que presumen y disfrutan.
Un apunte que nada tiene que ver con el 11-M.
Hace unos días conocíamos la noticia de que el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, Max Mosley, tendrá que ser indemnizado por el diario News of the World por difundir un vídeo de una orgía en la que Mosley aparecía ataviado con vestimentas nazis.
Personalmente, me importa un soberano bledo lo que cada cual haga en la intimidad de su casa o de su hotel, así que el tema no me interesa ni poco ni mucho. Si traigo la noticia a colación es solamente por una curiosidad histórica:
Cuando se habla del novelista Aldous Huxley, todo el mundo piensa inmediatamente en Un mundo feliz, cuyo título original era Brave new world (una
cita de "La tempestad", de Shakespeare). De hecho, la única novela que
la mayoría de la gente ha leído de Huxley es precisamente ésa.
Sin embargo, y a pesar de su popularidad, Un mundo feliz es,
en mi modesta opinión, una novela bastante mala. El argumento,
inspirado en el mito del buen salvaje, resulta ciertamente llamativo,
con esa descripción de un opresivo mundo futuro aparentemente feliz,
pero la historia está bastante mal construida. Por ejemplo, la dualidad
de protagonistas (Bernard al principio, John el Salvaje después)
resulta demasiado chirriante y parte la novela en dos trozos que
parecen haber sido encajados a martillazos.
Huxley tiene otras novelas bastante mejores, y sorprendentemente desconocidas para la mayoría de la gente. Una de ellas es El tiempo debe detenerse, cuyo título original, Time must have a stop, proviene, de nuevo, de una cita de Shakespeare (en este caso, de Enrique IV):
But thought's the slave of life,
and life's time's fool,
And time that takes survey of all the world
must have a stop.
Pero la mejor de las novelas de Aldous Huxley es, sin duda alguna, Contrapunto. En ella, Huxley presenta una serie de personajes cuyas historias van transcurriendo paralelamente (contrapuntísticamente, deberíamos decir) en la Inglaterra de la década de 1920.
Uno de los personajes clave de Contrapunto es Everard Webley, el imaginario líder de un imaginario movimiento fascista británico. Y he aquí la curiosidad histórica a la que me refería: algunos comentaristas de Huxley han especulado con la posibilidad de que el novelista, para crear el personaje de Everard Webley, se inspirara en Oswald Mosley, el padre del actual presidente de la Federación Internacional de Automovilismo.
En efecto, Oswald Mosley fue el fundador del BUF (Unión Británica de Fascistas), un partido creado a imagen y semejanza del Partido Fascista italiano y a cuyos miembros también se les llamaba, como a sus equivalentes italianos, "los camisas negras". Antes de fundar el BUF, Oswald Mosley fue diputado por el Partido Conservador británico y luego ministro sin cartera en un gobierno laborista. El BUF nunca llegó a presentarse a unas elecciones generales y lo máximo que logró fue unos resultados dignos (25% del voto) en tres distritos de Londres en las elecciones municipales de 1937.
Sin embargo, esas especulaciones acerca de la posible influencia que la figura de Mosley padre pudiera haber tenido sobre Aldous Huxley a la hora de componer su novela Contrapunto son absurdas, porque Mosley no fundó el BUF hasta 1932 y la novela de Huxley fue escrita en 1928. En todo caso, sería Mosley padre quien podría haberse inspirado en el personaje creado por Huxley. El que sí puede que esté inspirado en Mosley es el personaje de Rud Whitlaw de la novela The holy terror, de H. G. Wells, escrita en 1939.
Siguiendo con la historia de Mosley padre y de su estrafalario partido fascista, Oswald Mosley se casó en 1936 en Berlín con su segunda mujer, Diana Mitford, asistiendo a su boda tanto Hitler como Goebbels, en consonancia con la deriva pro-nazi del BUF. Poco después de estallar la Segunda Guerra Mundial, Mosley, que se dedicó a hacer campaña contra la guerra, fue encarcelado, al igual que lo sería luego su mujer Diana, después de dar a luz a su hijo Max, el protagonista de la noticia que comentábamos al principio del hilo.
Liberado en 1943, Oswald Mosley puso en marcha algunas iniciativas políticas después de la contienda, pero sin el más mínimo éxito. Murió en 1980 en su casa de París, ciudad a la que se había exiliado unos años después de acabada la Segunda Guerra Mundial.
Muy pertinentes los artículos que hoy publican C. Toledo y Manuel Marraco en El Mundo, comparando el diferente destino dado al convoy del metro de Valencia que sufrió un accidente en julio de 2006 y a los trenes atacados el 11-M.
Mientras que el convoy del metro de Valencia se ha conservado hasta realizar todas las pruebas necesarias y sólo se ha autorizado su destrucción después de que el caso haya sido sobreseído, los trenes del 11-M comenzaron a ser desguazados 48 horas después de la masacre, sin que ni los abogados defensores, ni (lo que es todavía peor) los abogados de las acusaciones tuvieran, por tanto, la más mínima posibilidad de solicitar la realización de diligencias de prueba.
Dudo mucho de que pueda haber alguien que sostenga de buena fe que aquella destrucción de los trenes del 11-M fue una simple negligencia. Una mínima dosis de sentido común obliga a contemplar como hipótesis más probable la de que los trenes del 11-M fueron desguazados precisamente para que no pudieran realizarse diligencias posteriores de investigación con los restos y para poder sustituir a voluntad las pruebas directas por otras pruebas aparecidas fuera de los trenes.
No debemos olvidar, asimismo, que los trenes no fueron lo único destruido. Centenares de prendas y objetos personales de las víctimas fueron incinerados en el vertedero de Valdemingómez, con autorización escrita del juez Del Olmo, unas semanas después del atentado. Numerosos restos electrónicos fueron convertidos en polvo en una trituradora de residuos, de nuevo con la autorización del juez Del Olmo, por las mismas fechas.
Y los miembros de la Policía encargados de inspeccionar los vagones explotados recogieron una cantidad ingente de muestras de cuyo destino nadie nos ha informado. ¿Dónde están esas muestras que la jefa del laboratorio de los Tedax dijo que se cribaron cuidadosamente desde la propia mañana del 11-M? ¿Se destruyeron también? ¿Dónde están los restos que los Tedax declararon ante el juez Del Olmo haber recogido en varios de los escenarios de explosión? ¿Se enviaron a alguna trituradora? ¿Dónde están las torundas con los frotis que sin ninguna duda se hicieron en los focos de explosión? ¿Tal vez en algún cubo de basura?
¿De verdad hay alguien que piense de buena fe que aquel escamoteo masivo no fue intencionado? Lo dudo mucho.
Sería de agradecer un desmentido por parte de los entonces responsables del Ministerio de Interior. O una aclaración de los motivos por los cuales esa trama gozaba de una aparente protección. Más que nada, para saber a qué atenernos y terminar de dilucidar si la cometa voló fuera de control, si no hay nada raro en el asunto o si toda la historia no tiene nada que ver con el 11-M y no ha sido, en realidad, más que una habil maniobra de coerción para forzar al PP a un silencio injustificado y autodestructivo.En el año 2001, muchos policías de la comisaría de Gijón –según han contado ellos mismos a este periódico– se dieron cuenta de que allí había algo raro. Los pillaron en una operación rutinaria contra el narcotráfico gallego y sus ramificaciones asturianas, con abundante droga y con 16 cartuchos de dinamita, en bastante mal estado. El material estaba dentro de un vehículo en un garaje alquilado por Toro. Pero, a pesar de que se dictó un mandato judicial, no se registró su domicilio.
La orden venía directamente de Madrid. Jesús de laMorena, el comisario general de Información, llamó a Juan Carretero, responsable de la Policía en Asturias, para decirle que había tenido una llamada de Pedro Morenés, el subsecretario del Interior, en aquel momento a las órdenes de Mariano Rajoy como ministro del
Interior. La obediencia en la cadena de mando no se rompió. La dinamita quedó apartada del caso y ni Toro ni Trashorras fueron imputados por tráfico de explosivos.
Fue años más tarde, tras el 11-M, cuando se añadieron estos cargos que provocaron una condena a ocho años de prisión, ratificada por el Tribunal Supremo precisamente el día anterior a que se conociera la sentencia definitiva del 11-M.
Invitaba ayer Pedro J. Ramírez en su carta dominical a contemplar algunos de los aspectos del 11-M a la luz de la historia narrada en la película Call Northside 777, en la que James Stewart interpreta a un periodista del Chicago Times que consigue que se revoque la condena de un polaco injustamente acusado del asesinato de un policía, y a quien se envió a la cárcel basándose, exclusivamente, en el testimonio manipulado de un testigo ocular.
Como recuerda el artículo, esa película está basada en un hecho real: la condena de dos inmigrantes polacos a raíz del asesinato del oficial de policía William Lundy, ocurrido el 9 de diciembre de 1932.
Como responsables de aquel asesinato, se detuvo a dos inmigrantes, Joseph Majczek, de 24 años, y Theodore Marcinkiewicz, de 25. Ambos fueron condenados en 1933 basándose en el reconocimiento ocular realizado por Vera Walush, empleada de la tienda donde el policía había sido acribillado. El Tribunal Supremo ratificó la condena en 1935.
Diez años después de los hechos, el 10 de octubre de 1944, la madre de Joseph Majczek insertó un anuncio en el Chicago Times ofreciendo una recompensa de 5.000 dólares de la época a aquella persona que pudiera aportar datos acerca del verdadero asesino del oficial de policía Lundy. Convencida de la inocencia de su hijo, había estado fregando escaleras seis noches a la semana hasta conseguir ahorrar aquella importante cifra.
Y ahí es donde comienza el argumento de la película, en el momento en que un reportero del Chicago Times lee aquel anuncio y decide contar la historia de aquella mujer. Y fue al meterse a analizar los detalles del caso cuando ese reportero llegó al convencimiento de que, efectivamente, Joseph Majczek era inocente y de que su condena se había conseguido manipulando al que parecía ser el único testigo del asesinato. El Chicago Times emprendió una investigación por su cuenta y logró demostrar la inocencia de aquel polaco, que vio su condena revocada el 15 de agosto de 1945, después de haber pasado 12 años en prisión.
La película se centra en los aspectos "heroicos" del caso: la abnegada madre que lucha sin tregua para demostrar la inocencia de su hijo, el director de periódico que emprende una campaña para que se excarcele a un inocente, el periodista capaz de investigar lo que los poderes públicos no habían investigado... Una historia típica de Hollywood, con personajes animados por las más nobles intenciones y un mensaje moralizante: la tenacidad rinde sus frutos y la inocencia termina brillando.
Pero la historia real en que la película está basada pone un contrapunto sórdido a ese heroísmo angelical. Porque los detalles de cómo fueron condenados Majczek y Marcinkiewicz revelan la cara oculta de un sistema judicial que descansa, como no puede ser de otra manera, sobre la presunción de veracidad y de honestidad de los servidores públicos. Y podemos atribuir a "los límites de la condición humana" (en palabras del ponente de la sentencia de casación del 11-M) de esos servidores públicos la responsabilidad última de buena parte de los errores judiciales.
Al acudir a la historia real del caso, se revelan posibles paralelismos con el 11-M mucho más sugerentes, quizá, que los que en la película se narran.
Así, repasando la historia, podemos ver que el oficial de policía Lundy fue asesinado por dos personas en la tienda regentada por Vera Walush el 9 de diciembre de 1932. Inicialmente, aquella testigo declaró que no tenía ni idea de quiénes podían ser los asesinos. Pero aquella semana había habido otros cinco asesinatos en Chicago y la ciudad iba a ser, unos meses después, la sede de la Exposición Universal de 1933, así que una delegación de empresarios había exigido al alcalde Anton Cermak que no permitiera que la imagen de la ciudad se viera afectada, para no ahuyentar a la inmensa masa de turistas que se preveía que iban a acudir a la Exposición. Así que el alcalde declaró una "guerra contra el crimen" y la policía se vio presionada para obtener resultados.
De ese modo, aquella testigo que inicialmente había dicho no tener ni idea de la identidad de los asesinos, terminó retractándose unas horas después y diciendo que uno de los asesinos podía ser un tal Ted, que vivía en las proximidades. Con ese testimonio, la Policía determinó que uno de los asesinos era Theodore Marcinkiewicz y, al no poderle encontrar, el 22 de diciembre arrestó a su amigo Joseph Majczek.
En las ruedas de reconocimiento efectuadas el 22 de diciembre, Vera Walush no reconoció a Joseph Majczek, pero la tienda que Vera Walush regentaba era, en realidad, un garito donde se servía ilegalmente alcohol, así que amenazaron a Vera con meterla en la cárcel si no colaboraba a la hora de inculpar a los dos sospechosos. Al día siguiente, Vera identificó a Majczek en una nueva rueda de reconocimiento. Un mes después, cuando Theodore Marcinkiewicz fue arrestado, Vera Walush le reconoció también.
Para no dejar rastro de los reconocimientos fallidos, la Policía falsificó la fecha de la detención de Majczek, y en los informes oficiales se incluyó como fecha de detención el 23 de diciembre.
Durante el juicio, dos familiares de Majczek y un repartidor del barrio declararon que Majczek estaba en casa a la hora del crimen. Otros seis testigos situaban también a Marcinkiewicz en lugares que hacían imposible que hubiera estado en la tienda de Vera Walush a la hora en que Lundy fue asesinado.
Pero todo dio igual. El reconocimiento ocular efectuado por Vera Walush fue admitido y los dos hombres fueron condenados a cadena perpetua.
En realidad, el juez de instancia, Charles Molthrop, sabía positivamente que los dos hombres eran inocentes, porque había un segundo testigo del crimen, un camionero llamado James Zagata, que le dijo personalmente que estaba seguro de que los asesinos no eran ni Majczek, ni Marcinkiewicz. Pero la Fiscalía amenazó al juez con acabar con su carrera política si declaraba inocentes a los dos sospechosos. Así que a lo máximo que se atrevió el juez fue a no condenarles a muerte, que era lo que en realidad hubiera correspondido legalmente. El propio juez Mothrop le dijo a Majczek, antes de mandarle a la cárcel, que intentaría que tuviera un nuevo juicio, pero Molthrop murió el mismo año en que el Tribunal Supremo confirmó la condena de Majczek.
A raíz de la campaña iniciada por el Chicago Times, y teniendo en cuenta las pruebas de manipulación aportadas por el periódico, la condena de Majczek fue revocada el 15 de agosto de 1945 por el Gobernador del Estado. Sin embargo, nadie había hecho campaña para liberar a su amigo Marcinkiewicz, así que éste continuó en prisión. Cuatro años después, en 1949, el Gobernador le ofreció a Marcinkiewicz... conmutarle la cadena perpetua por una condena de setenta y cinco años. Marcinkiewicz le sugirió amablemente que se metiera la oferta por donde le cupiera. Finalmente, al año siguiente, después de pasar 17 años en prisión por un crimen que no había cometido, la condena de Marcinkiewicz fue también revocada.
Para terminar esta lección de miserias humanas, recalquemos que esas dos personas a quienes se había condenado injustamente terminaron siendo liberadas. Pero los verdaderos asesinos del oficial de policía William Lundy nunca fueron encontrados, ni recibieron su castigo. Por la sencilla razón de que tampoco hubo nadie dispuesto a hacer campaña para que se identificara a los verdaderos asesinos y para que éstos pagaran por lo que hicieron.
Porque, en realidad, la condena de un inocente es algo terrible en sí mismo. Pero mucho más terrible que esa injusticia es el hecho de que la condena del inocente sirve, ante todo, para que el verdadero culpable no sea condenado.
Como hemos visto en los hilos anteriores de esta serie, las incongruencias de fechas en la historia oficial de Jamal Ahmidan son numerosísimas. Pero vamos a fijarnos ahora en algo de lo poco que sí parece estar claro en cuanto a las actividades de ese marroquí previas al atentado: concretamente, vamos a repasar lo que Jamal Ahmidan hizo en la mañana del 5 de marzo.
Hace algunos meses, hablábamos de cómo, según los datos telefónicos disponibles, Jamal Ahmidan consultó el saldo una serie de tarjetas de Amena entre las 11:33 y las 11:46 de la mañana de aquel 5 de marzo de 2004. Cuando efectuó esas consultas de saldo, Jamal se encontraba bajo la cobertura del repetidor de la C/ Embajadores 35. Recomiendo leer primero aquel hilo antes de continuar con éste.
La historia, por tanto, parece ser la siguiente: Jamal Ahmidan acudió a algún comercio de la zona (¿tal vez la tienda de Zougham?), compró una serie de tarjetas telefónicas y, antes de salir de la tienda, o poco después de hacerlo, consultó el saldo de todas o de algunas de las tarjetas que acababa de comprar, para comprobar que no le habían timado. No debía de fiarse mucho de quien le había vendido las tarjetas
Parece una historia medianamente coherente, a la luz de la versión oficial de los atentados. Lo que no se entiende, entonces, es por qué los informes policiales no hacen ni la más mínima mención a ese comportamiento de Jamal en la mañana del 5 de marzo, que avalaría toda la historia de la compra de tarjetas en el locutorio de Zougham.
Como tampoco se entiende por qué la Policía despreció un dato que no ha sido incluido en el sumario y que corroboraría la presencia de Jamal Ahmidan en Lavapiés a aquellas horas. El dato es el siguiente: aquel día 5 de marzo de 2004, a las 11:59 de la mañana (poco tiempo después, por tanto, de que Jamal comprara y probara las tarjetas), el coche de la suegra de Jamal Ahmidan fue multado en la C/ Provisiones, muy cerquita del locutorio de Zougham y del domicilio de Mohamed Bakkali. En los boletines oficiales, esa multa consta como tramitada el 22 de marzo de 2004, aunque la fecha de la infracción es el 5 de marzo.
Según la versión oficial, era Jamal Ahmidan quien conducía siempre aquel Opel Astra con matrícula M-4518-OZ propiedad de su suegra, así que ¿qué mejor indicio de que este marroquí sería quien habría adquirido varias de las tarjetas telefónicas empleadas por la trama?
Entonces, ¿por qué nadie tuvo en cuenta ese dato? ¿Es que no consultaron el historial de sanciones del coche? ¿O es que hay algún gato encerrado detrás de esa multa, que aconsejó pasar sobre ese dato de puntillas?
P.D.: Gracias a nuestro contertulio Zerros por ponernos sobre la pista.
P.D. 2: Algunos contertulios tratan de centrar los análisis sobre Jamal
Ahmidan en el tema de si ese marroquí, y los restantes de Leganés,
participaron o no en la masacre del 11-M. Me parece un debate
interesante, pero las investigaciones acerca de la historia de Jamal
Ahmidan que estamos haciendo en esta serie de hilos no tienen nada que
ver con ese debate.
Independientemente de si Jamal Ahmidan puso las bombas de los trenes o
no, lo que nos han contado acerca de Jamal tiene bastante de falso, y
ése es el objetivo de esta serie: determinar cuáles aspectos de la
historia son verdad y cuáles son inventados. Por ejemplo: parece
que es falso que Jamal se encontrara en Asturias con Trashorras y El
Gitanillo. Al igual que es falso que Jamal se pasara dos años y medio
en la cárcel de Marruecos.
Incluso para aquellos que estén convencidos de que Jamal Ahmidan puso
las bombas de los trenes, conocer qué hay de falso en la historia de
Jamal les resultará útil para tratar de determinar quién estaba
realmente detrás de ese marroquí.
Es más, por lo que respecta a la pregunta de si Jamal puso las bombas
de los trenes, cuantos más datos reales tengamos acerca de Jamal y de
sus actividades previas al 11-M, en mejores condiciones estaremos para
tratar de responder a esa pregunta. Así que no se me ocurre
ninguna razón por la que alguien pudiera no desear averiguar en
qué nos han mentido acerca de Jamal.
Para ver hasta qué punto ha constituido un terremoto la sentencia del Supremo no hay más que analizar la cobertura que los distintos medios de comunicación han dado al asunto. Mientras que los medios que llevan cuatro años defendiendo la versión oficial de los atentados han pasado de puntillas sobre el tema, como si la piedra de molino estuviera ya al rojo vivo y les quemara en las manos, los medios que llevan cuatro años tratando de investigar qué fue lo que en realidad pasó se recrean en la suerte, entre sorprendidos y complacidos, viendo cómo el Tribunal Supremo ha llegado mucho más allá de lo que nadie hubiera esperado hace una semana.
La exclusión explícita de Al Qaeda como responsable del atentado, la contundente desaparición de la única célula puramente islamista (la de la C/ Virgen del Coro) de la trama, la sutil forma con la que el Tribunal Supremo desbarata la atribución de la autoría material a los siete muertos de Leganés, el reforzamiento de la responsabilidad del grupo de confidentes, la confirmación de que no se conocen los autores intelectuales del 11-M, las críticas a la destrucción de las pruebas de cargo... todo ello supone un duro varapalo para quienes han estado intentando adormecer a la sociedad española con el objetivo de que no preguntara por la mayor masacre terrorista de la historia de Europa.
Y supone una confirmación para quienes, desde un pequeño puñado de medios, han estado tratando de desbrozar la maraña de pruebas falsas, de cortinas de humo, de intoxicaciones, con las que se pretendió sepultar las migajas de verdad bajo una montaña de basura, de ruido y de consignas.
No ha ido el Tribunal Supremo tan lejos como nos hubiera gustado. Ha dado por buenos errores garrafales del relato de los hechos realizado por la Audiencia Nacional, como por ejemplo el de que la presencia de nitroglicerina en las muestras de los trenes puede deberse a la utilización de una cantidad indeterminada de Goma2-EC, cuando en el propio juicio quedó acreditado que la Goma2-EC no lleva nitroglicerina desde 12 años antes de que sucediera el 11-M. Pero si alguien me hubiera dicho hace una semana que el Supremo iba a llegar hasta donde ha llegado a la hora de desmontar partes fundamentales de la gran patraña, le habría recomendado que dejara la bebida.
Al final, lo que queda de la versión oficial es un esqueleto tan endeble que poco pueden hacer para sostenerlo en pie aquéllos que, habiendo creído de buena fe en esa versión, intentan aplicar la lógica para encontrarle algún sentido. Basta con hacerse, como sugiere Emilio Campmany en su artículo, una breve serie de preguntas para darse cuenta de cómo lo poco que resta de ese armazón lógico que comenzó a construir Del Olmo una aciaga mañana del mes de marzo de 2004, está hendido por el rayo y en su mitad podrido, mientras que la otra mitad es pasto de la carcoma.
Con todo, quizá lo más importante de la sentencia sea que ha forzado a todo el mundo a desprenderse de las máscaras. Que el Gobierno se decidiera por recurrir a cuatro tópicos y tres palabras huecas para despachar el asunto, entraba dentro de lo previsible. Que Gallardón asumiera el mismo discurso de sus señoritos, a nadie le debe escandalizar. Quizá más sorprendente es que el neo-PP haya optado por ponerse primero de perfil y luego por avalar, con mayor descaro si cabe, la no-instrucción y no-investigación realizada a lo largo de estos años.
Dice Pío García Escudero que "Hoy por hoy, no hay nada más que investigar sobre el 11-M". Entonces, si esto es así, cabría reclamarle a don Pío que nos dijera a todos los españoles los nombres de las personas que colocaron las bombas en los trenes; o el lugar donde se celebró la reunión en la que alguien decidió atentar a tres días de unas elecciones generales; o los nombres de los asistentes a esa reunión. Bastaría con que el señor García Escudero nos diera la respuesta a esas preguntas para que sus afirmaciones resultaran justificadas.
Pero si no sabe la respuesta, si no puede don Pío decirnos a todos quién ha sido, entonces los demás tenemos derecho a preguntarnos qué es lo que puede esconderse detrás del 11-M para que toda la clase política, sin distinción de ideologías, cierre filas a la hora de defender que la mierda no se remueve. Si no fue ETA y no fue Al Qaeda, ¿entonces quién fue?
Porque tenemos, como ciudadanos, y al margen de cualquier consideración ideológica, el imperativo moral de exigir a los poderes públicos que aclaren quién asesinó a 192 españoles el jueves 11 de marzo. Y aunque ese imperativo moral no existiera, un simple instinto de supervivencia nos obliga a conocer la verdad, para que nadie pueda volver a repetir un atentado como ése.
Y si la clase política decide que hay que mirar hacia otro lado, será la ciudadanía la que mire a otro lado cuando aquéllos que deberían defenderla y no lo hacen vayan a pedirles el voto.
Hoy, como ayer, la desidia, la ineptitud o la falta de honradez de los poderes públicos a la hora de afrontar el tabú del 11-M se han visto compensadas por la actuación de unos pocos medios de comunicación y de un puñado de ciudadanos. Y hoy sabemos, gracias a esa actuación, mucho más del 11-M de lo que sabíamos ayer. Y mañana y pasado mañana va a seguir habiendo gente que luchará porque otro nuevo pasito nos aleje un poco más de la mentira y nos acerque a la verdad un poco más.
Y en esa larga marcha, que terminará cuando se aclare hasta la
última coma de lo que pasó el 11-M, cada persona, cada político, cada
periodista, deberá decidir si está dispuesto a pelear por el derecho de
los ciudadanos a conocer toda la verdad, o si prefiere defender la
tesis de que el amo tiene derecho a ocultar la verdad a sus súbditos.
Ýo tengo clara la elección. ¿Y ustedes?
Hoy se ha derrumbado un poco más ese edificio en ruinas denominado "versión oficial del 11-M".
Sin autores intelectuales
La sentencia del Tribunal Supremo da por buena, para los tres autores intelectuales que la Fiscalía había presentado, la absolución de los cargos que se les habían realizado en ese sentido. A Mohamed El Egipcio, a quien durante tanto tiempo se presentó como el máximo ideólogo del atentado, ni siquiera se le condena por pertenencia a banda armada, puesto que El Egipcio ya está siendo juzgado por ese motivo en Italia. A Hassan el Haski, otro de los "autores intelectuales" presentados por la Fiscalía, no sólo no le condenan comoinductor de la masacre, sino que le rebajan la pena que le había caído por pertenencia a banda armada.
Adiós a la célula islamista
Dos de los miembros de la llamada "célula de Virgen del Coro", el único grupo de imputados que tenían algún contacto, como grupo, con el mundo islamista radical, han sido directamente absueltos. Concretamente, se ha absuelto a Basel Ghalyoun, de quien se había dicho que su ADN había aparecido en Leganés y a Mouhannad Almallah Dabas, a quien en algún momento se llegó a presentar como cerebro (uno de tantos "cerebros" sucesivos) de la masacre. A varios otros de los acusados de integración en banda armada de origen magrebí, como Mohamed Larbi y Hassan El Haski, se les rebajan las condenas.
No sólo eso: el Tribunal Supremo afirma en su sentencia, textualmente, que quienes cometieron los atentados de Madrid eran "un grupo u organización terrorista diferente e independiente" de Al Qaeda, aún cuando existiría una "dependencia ideológica respecto a los postulados defendidos" por esa organización islamista.
La larga mano de los confidentes
También se absuelve a Raúl González, aunque a cambio se condena por tráfico de explosivos a Antonio Toro, sobre cuyo carácter de confidente de las Fuerzas de Seguridad se ha especulado hasta la saciedad. Una condición de confidente que compartiría con otros dos de los imputados cuyas condenas ha confirmado el Supremo: Emilio Suárez Trashoras y Rafá Zouhier.
Adiós también a la célula de Leganés
La sentencia confirma la absolución de Abdelmahid Bouchar como autor material, lo que impide asignar, desde el punto de vista lógico, la responsabilidad de la autoría del atentado a los muertos de Leganés. Afirma el Tribunal que existen suficientes indicios de la relación de los muertos de Leganés con la masacre, pero reconoce explícitamente que no puede establecerse "una atribución individualizada de responsabilidad pena a cada uno de ellos, pues se extinguió con su muerte, lo que determinó, consecuentemente, que no fueran juzgados y que sobre su conducta no se practicaran pruebas de cargo ni de descargo".
Estas dudas sobre el papel de los muertos de Leganés vienen a acentuarse por una de las mayores sorpresas de la sentencia: la absolución total de Abdelilah El Fadual, lugarteniente e íntimo amigo de Jamal Ahmidan. Abdelilah El Fadual ha quedado exonerado de cualquier cargo en relación con la masacre, con lo que ¿cómo iba Jamal Ahmidan a ser uno de los cerebros operativos de la masacre y, sin embargo, ser completamente ajeno a la misma su número dos, Abdelilah El Fadual?
Sin autores materiales
El 11-M queda, por tanto, sin autores materiales, excepto por lo que se refiere a Jamal Zougham, a quien se le mantiene la condena basada en unos más que dudosos reconocimientos oculares. En cualquiera de los casos, aún teniendo en cuenta esa condena, el 11-M se habría quedado sin autores intelectuales y con un sólo "colocador de bombas" para doce artefactos explosivos. Ése sería el escandaloso resultado de cuatro años de investigaciones policiales y judiciales.
Tres condenas por el 11-M
Como también resulta escandaloso el hecho de que, de los dieciocho condenados, sólo tres los son por su relación con el 11-M. Sólo tres de los 29 imputados que llegaron a juicio tendrán que indemnizar a las víctimas del 11-M. A los otros 15 imputados a los que el Tribunal Supremo condena, se les condena por otros motivos (tráfico de explosivos, falsedad documental, pertenencia a banda armada, ...), pero no por su relación con la masacre.
Para colmo, ninguno de los tres condenados del 11-M tienen un perfil islamista. Uno de ellos es el confidente policial Emilio Suárez Trashorras y los otros dos son dos marroquíes sin la más mínima vinculación constatada con el islamismo radical.
Algo más de cuatro años después del 11-M, nos encontramos, por tanto, con que seguimos sin saber quién concibió aquel atentado, quién lo organizó, quién lo financió ni quién lo ejecutó. El primer asalto judicial del 11-M termina así en un gran fracaso, con el que la masacre de Madrid queda condenada al baúl de los misterios históricos sin resolver, a expensas de que las investigaciones periodísticas consigan arrojar algo de luz allí donde las instancias oficiales no han sabido, no han podido o no han querido hacerlo.
Me recuerda una lectora del blog, Silvia, un episodio histórico que merece la pena comentar.
En 1943, en plena guerra mundial, los ejércitos aliados habían expulsado a los alemanes del norte de África y estaban pensando en acometer la invasión de la Europa continental por el sur. Esa invasión quería llevarse a cabo desembarcando en Sicilia, lo que permitiría dominar el Mediterráneo definitivamente y servir de punto de entrada en Italia. Sin embargo, el objetivo resultaba tan obvio que los alemanes tenían muy bien defendida la isla.
Así que el MI5 (servicio secreto británico) decidió poner en marcha una operación de inteligencia, dirigida por el oficial Ewen Montagu, para engañar a los alemanes y convencerles de que la invasión no iba a realizarse en Sicilia, sino según otros dos ejes: un desembarco en Cerdeña, para luego atacar Francia por el sur, y otro desembarco en los Balcanes, para poder luego expulsar a los alemanes de Grecia. La intención era que los nazis protegieran los dos falsos puntos de ataque, alejando así sus tropas de Sicilia.
La operación de inteligencia recibió el nombre en clave de Operación Mincemeat (carne picada) y consistiría en lo siguiente: fabricar un personaje ficticio, el comandante William Martin, de la Marina británica, y hacer aparecer "su cadáver" en las costas españolas, con documentación secreta (falsa, por supuesto) que "demostrara" que los aliados iban a desembarcar en Cerdeña y los Balcanes. Se confiaba en que los españoles pasarían esa documentación a los servicios secretos alemanes, con los que mantenían estrechos contactos.
El primer paso consistió en seleccionar un cadáver adecuado. Se eligió el de un hombre en la treintena que había muerto de neumonía, porque de ese modo los síntomas detectables en una autopsia serían casi indistinguibles de los de una muerte por ahogamiento. La familia del muerto dio su consentimiento para que usaran el cadáver para una operación de seguridad nacional y juró mantener el secreto sobre el tema. El cadáver fue conservado en hielo seco para que en el momento de ser encontrado pareciera que había muerto ahogado en el mar unos días atrás.
El segundo paso fue preparar toda la documentación secreta falsa que debía llevar encima ese hombre, consistente, básicamente, en cartas del Alto Mando británico en las que se hacía referencia a que se planeaba invadir Cerdeña y los Balcanes y a que había que engañar a los alemanes para que pensaran que se iba a atacar Sicilia (es decir, justo lo contrario de la realidad).
El tercer paso era preparar la cobertura para que la identidad de ese hombre pareciera real. Se eligió el nombre de William Martin porque era muy común entre los miembros de la Marina, lo que evitaría que algún otro miembro de la fuerza naval británica se diera cuenta de que alguien había inventado un falso oficial. La noticia de la muerte de William Martin fue publicada en los periódicos, en los que se dijo que había fallecido al estrellarse en el mar el avión en el que viajaba.
También se prepararon, para que fueran encontradas en la cartera del muerto, cartas de amor de una supuesta novia, junto con una foto de la misma (en realidad, era una foto de una miembro del servicio secreto británico). Se incluyeron, asimismo, falsas cartas del padre del muerto, del club al que supuestamente pertenecía William Martin, otra carta reclamándole el pago de una factura, un par de entradas para una obra de teatro que, efectivamente, se había representado hacía poco en Londres y las típicas cosas que uno lleva en los bolsillos: cerillas, monedas, etc. Todas las fechas de esas cartas y documentos falsos estaban perfectamente estudiadas para que cualquiera pudiera reconstruir con ellas los últimos días de William Martin en Londres, antes de que partiera para su última misión.
El último toque fue encontrar a un miembro del servicio secreto con un parecido razonable con el muerto, para poder hacer la foto que se incluiría en el carnet de identidad del ficticio William Martin.
Dos de los detalles de la documentación falsa que se preparó estaban destinados a inducir en los alemanes la sensación de que el muerto era bastante descuidado (lo cual ayudaba a explicar psicológicamente que llevara consigo documentos tan importantes). Por un lado, la carta ya mencionada en la que se reclamaba el pago de una factura vencida; por otro lado, el falso carnet de identidad, que se realizó como si fuera un duplicado "emitido por extravío del original".
El cuerpo, todavía conservado en hielo seco, fue llevado en el submarino Seraph hasta las costas de Huelva. Allí, toda la operación estuvo a punto de irse al garete cuando un avión británico atacó al submarino por error. Pero finalmente el cuerpo fue lanzado al mar el 30 de abril de 1943, con un chaleco salvavidas y una cartera portadocumentos atada a su muñeca con una cadena.
Un pescador de Huelva, José Antonio Rey María, fue quien encontró el cadáver. La autopsia fue realizada por el forense Eduardo del Torno, quien dictaminó que el fallecido había muerto por ahogamiento entre tres y cinco días atrás. El forense renunció a hacer una autopsia más en profundidad al ver que el muerto era católico (por la cruz que llevaba al cuello); prefirió no estropear demasiado el cadáver antes de darle cristiana sepultura.
Mientras tanto, los británicos se dedicaron a exigir con bastante insistencia a las autoridades españolas que les entregaran la cartera que el muerto llevaba, pero dejando claro que los documentos no tenían la menor importancia. Los españoles devolvieron la cartera el día 13 de mayo, asegurando que nadie la había abierto, pero un examen microscópico reveló que las cartas habían sido abiertas y probablemente fotografiadas.
Los alemanes mordieron el anzuelo. En mayo de 1943, Hitler dio orden de reforzar las defensas de Córcega y de Cerdeña, y desvió seis divisiones acorazadas para proteger Cerdeña y los Balcanes.
La invasión aliada de Sicilia, que tuvo lugar en julio de 1943, fue
un completo éxito gracias a un hombre, William Martin, que en realidad
nunca existió. Ése es, precisamente, el título de la película que se
realizó más adelante sobre este episodio real de desinformación: "El
hombre que nunca existió", The man who never was, basada en el libro escrito por el oficial de inteligencia que planificó el gran engaño, Ewen Montagu.
P.D.: A cada uno lo suyo. Veo, después de publicar el hilo, que nuestro contertulio peonxrey ya había traído a colación la Operación Mincemeat en agosto del año pasado, señalando las similitudes con la operación de desinformación del 11-M. Así pues, que quede constancia.
El pesimista acierta más a menudo que el optimista,
pero el optimista lo pasa mejor.
Y ninguno de los dos puede detener
la marcha de los acontecimientos.
(Robert Heinlein)
En los hilos anteriores de esta serie hemos ido poniendo sobre la mesa
las distintas piezas que componen el puzzle de la versión oficial sobre
Jamal Ahmidan. Y hemos ido señalando las diversas contradicciones de
esa versión, los fallos de encaje de esas piezas, que conducen
inevitablemente a pensar que la figura oficial de ese supuesto máximo
responsable operativo de la masacre es, en realidad, una construcción
artificial. Una construcción artificial hecha con informaciones
parcialmente ciertas y parcialmente inventadas, y en la que se han
mezclado diversos personajes hasta conseguir disponer de una cabeza de
turco sobre la que volcar la responsabilidad de la masacre y con la que
engarzar las distintas partes de la versión oficial.
Señalábamos en el último hilo cómo las informaciones sobre el piso de la C/ Villalobos (ese piso en el que en teoría habitaba Jamal Ahmidan con su mujer y su hijo) eran enormemente contradictorias, ya que en ninguna parte del sumario quedaba claro quién había alquilado ese piso, quién había vivido en él y en qué fechas había residido allí Jamal Ahmidan.
Publicamos hoy en Libertad Digital un nuevo enigma en el que desvelamos que la Policía contaba con datos que demostraban que fue Jamal Ahmidan (con la falsa identidad de Said Tlidni) quien alquiló ese piso en 2001. En concreto, la Policía tenía en su poder el contrato de alquiler firmado por Jamal, pero ese contrato no fue aportado al sumario.
El problema fundamental es que la versión oficial necesita explicar cómo es posible que un delincuente común como Jamal Ahmidan terminara involucrado en actividades islamistas. Y para explicar eso se nos dijo que Jamal pasó por una cárcel marroquí entre finales de 2000 y mediados de 2003 y que fue en esa cárcel donde se radicalizó.
Pero la existencia del contrato de alquiler de la C/ Villalobos
demuestra que esa estancia en la cárcel es falsa. Jamal no podía estar
en la cárcel en Marruecos en 2001, puesto que estaba en Madrid,
firmando el alquiler de aquel piso.
No es el único dato que contradice la supuesta estancia de Jamal en una
prisión marroquí: contamos también con los testimonios de los vecinos
de aquel inmueble, que señalan que Jamal estuvo viviendo allí en las
fechas en que según la versión oficial estaba en Marruecos; y contamos
también, entre otras cosas, con el análisis de uno de los ordenadores
encontrados en el piso de la C/ Villalobos, cuyo usuario era Jamal y
desde el cual se estuvieron efectuando accesos a Internet en los meses
de enero, febrero y abril de 2003, fechas, todas ellas, en las que nos
habían dicho que Jamal estaba preso.
¿De dónde sale entonces el dato de que Jamal estuvo en la cárcel en Marruecos entre diciembre de 2000 y junio de 2003? Pues de un supuesto boletín de excarcelación supuestamente encontrado en el piso de la C/ Villalobos, pero lo cierto es que Marruecos no llegó jamás a aportar ningún documento oficial que demostrara semejante estancia en prisión.
La falsa estancia en la cárcel marroquí cumple el mismo papel que los inexistentes corros de suicidas cantarines en Leganés o que las falsas llamadas de despedida de los habitantes de aquel piso: revestir del necesario carácter islamista a lo que no era sino una trama de delincuentes y confidentes policiales.
Fíjese el lector en un detalle curioso. Según la versión oficial,
Jamal Ahmidan disponía de tres domicilios: el de la C/ Villalobos, el
de la C/ Pozas y la finca de Morata. En lo que respecta a la finca de
Morata, la Policía interrogó tanto a la propietaria de la misma como a
los vecinos de la zona, y sus declaraciones fueron incorporadas al
sumario, para demostrarnos que Jamal Ahmidan y sus amigos anduvieron
por esa finca.
¿Cómo es posible, entonces, que no se haya incorporado al sumario
ningún testimonio de ninguno de los vecinos de los otros dos inmuebles?
¿Es que no era interesante ver a quién podían reconocer esos vecinos?
¿Es que no era interesante saber cuándo había habitado allí Jamal y con
quién? ¿Es que no era posible que los vecinos hubieran detectado
movimientos extraños en las fechas anteriores a la masacre?
¿O es que esos testimonios, como queda de manifiesto en el enigma
que publicamos hoy, eran incómodos, porque hacían imposible poder
encajar determinados aspectos de la versión oficial, como esa supuesta
estancia en la cárcel?
En fechas sucesivas iremos desvelando más datos que arrojan todavía más
sombras de sospecha sobre el proceso de construcción de la personalidad
oficial de Jamal Ahmidan.
El portavoz de Interior del PSOE en el Congreso de los Diputados, Antonio Hernando, ha declarado que le gustaría poder castigar al PP a escribir mil veces en una pizarra gigante que no ha sido ETA la autora del 11-M. No tengo noticias de que nadie del PP haya respondido hasta el momento al señor Hernando, como tampoco he oído a nadie del PP contestar a los exabruptos anteriores, en el mismo sentido, de Rubalcaba o de José Blanco. Con lo cual el PP contribuye, con su silencio, a propagar la misma consigna gastada con la que el PSOE lleva cuatro años intentando adormecer al conjunto de los españoles y, muy en especial, a sus propias bases: "todo está claro, no fue ETA y vale ya de cuestionar las investigaciones".
Continúan por tanto, unos y otros, con la misma comedia con la que nos han estado estomagando durante toda una legislatura, tratando de encerrar a la ciudadanía española en la falsa disyuntiva que se puso en marcha en la propia mañana del 11-M: "O fue ETA, o fue Al Qaeda. Y si eres del PP y no te crees que fue Al Qaeda, entonces es que crees que fue ETA. Y si eres del PSOE, ¿cómo no vas a creer que fue Al Qaeda?"
Yo no sé si fue ETA o Al Qaeda. Pero lo que sí sé es que esa disyuntiva es tan falsa como un euro de madera, porque existen muchas otras posibilidades al margen de ETA y de Al Qaeda. Incluyendo la de que el 11-M fuera un golpe de timón destinado a poner en marcha la dinámica de superación confederal de la Constitución del 78.
Porque el problema fundamental es que la furgoneta Kangoo no fue cargada de pruebas falsas por ETA, ni por Al Qaeda. Y no fueron ni ETA ni Al Qaeda los que depositaron el coche Skoda Fabia en Alcalá tres meses después de los atentados. Como no fueron ni ETA ni Al Qaeda quienes ordenaron la destrucción de los trenes, la ocultación de informes de análisis, la incineración de las prendas de las víctimas o el escamoteo de los restos de los focos de explosión. Igual que no pudieron ser ni Josu Ternera ni Ben Laden quienes efectuaron falsas llamadas de despedida en nombre de los presuntos suicidas de Leganés.
Tampoco son ETA ni Al Qaeda los que han detenido a ochenta magrebíes que ni siquiera han llegado a juicio, pero que contribuyeron involuntariamente a sembrar de confusión las investigaciones, para que todo el mundo se perdiera en un mare magnum de nombres árabes. Al igual que tampoco hablan vasco ni árabe los que decidieron ofrecernos un teatro de falsos culpables que terminarán, cómo no, yéndose de rositas, y en el que los papeles estelares los han desempeñado los hermanos Toro, Abdelmahid Bouchar, Mohamed El Egipcio o Rafá Zouhier.
No es ETA, ni tampoco Al Qaeda, quien ha enviado a empleados del Ministerio de Interior a intentar controlar y reventar cualquier movimiento de víctimas o movimiento ciudadano que pudiera poner en riesgo esa falsa disyuntiva con la que se ha pretendido tapar la masacre.
No son ETA ni Al Qaeda quienes han estado, desde instancias políticas, judiciales y policiales, retardando las investigaciones para que empiecen a entrar en juego los mecanismos de prescripción de delitos y de caducidad de documentos.
No son ETA ni Al Qaeda quienes han hurtado durante cuatro años a la ciudadanía un relato coherente de los hechos.
No son ETA ni Al Qaeda quienes amenazan con querellas o con habitaciones sin estado de derecho a quienes se niegan a comulgar con ruedas de molino y exigen que nos digan quién mató a 192 españoles.
No son ETA ni Al Qaeda los que se dedican a inventar consignas estúpidas como las de las conspiraciones de cucarachas, o los ácidos bóricos para pies, en lugar de hablar a los ciudadanos como personas dotadas de raciocinio.
No son ETA ni Al Qaeda los que ordenan a los fiscales asignar la autoría intelectual a determinados imputados, para luego ordenarles que se opongan a que se les considere autores intelectuales.
No son ETA ni Al Qaeda, en definitiva, quienes llevan cuatro años tratando de negar a los ciudadanos las explicaciones sobre los atentados a las que tienen derecho, y pretendiendo enfangar en un pozo de confusión cada dato que se pone encima de la mesa.
¿Quién organizó la masacre, señor Zapatero? ¿Quién la organizó, señor Rajoy?
Porque si hubiera sido Al Qaeda, no hubiera debido existir ningún obstáculo para que las investigaciones se realizaran con total transparencia. Y si hubiera sido ETA, no hubiera debido existir ningún obstáculo para que el PP reclamara la verdad con todas sus fuerzas.
Pero ni Zapatero ha querido aportar transparencia a las investigaciones, ni Rajoy se ha atrevido tampoco a reclamarla. Así que lo único que cabe inferir de sus actitudes, señores miembros de la clase política, es que no fueron ni ETA, ni Al Qaeda.
Por tanto... ¿quién organizó el 11-M?
Todo lo que rodea a Jamal Ahmidan es confuso. Deliberadamente
confuso, me permito añadir. Son confusas sus identidades, son confusas
las atribuciones de teléfonos, son confusas sus andanzas, es confuso su
historial delictivo...
Son confusos incluso los datos acerca del lugar donde vivía.
Porque, ¿nos podría decir alguien cuál era el domicilio real de Jamal
Ahmidan?
Se supone que él o su supuesta mujer vivían en la C/ Pozas, y así
parece atestiguarlo esa curiosa manía de Jamal Ahmidan por poner en sus
documentos de identidad falsos domicilios muy parecidos al verdadero
domicilio de su mujer. Ya puestos a usar documentaciones falsas, ¿por
qué va dejando Jamal por todas partes datos que apuntan a la C/ Pozas?
¿No se le ocurriría que, igual que uno se pone un nombre falso, puede
poner también en los documentos falsificados una calle distinta de la
suya propia?
Pero también tenía alquilada una finca en Morata de Tajuña, nos dicen.
Y también vivía con su supuesta mujer en un piso de Vallecas, en la C/
Villalobos, según nos dicen también.
Centrémonos en este último piso, el de la C/ Villalobos, y veamos día a
día cómo se introduce en el sumario ese domicilio de Jamal. Observe el
lector lo curioso de la secuencia cronológica y fíjese, sobre todo, en
las infinitas contradicciones. Y en la inmensa, omnipresente,
desmesurada confusión que rodea a todo lo relativo a ese piso. Como
sucede con todo lo que se refiere a Jamal:
Pues ya tenemos sentencia del famoso caso del ácido bórico. Y esa sentencia no ha defraudado las peores expectativas: el 11-M debe ser cerrado judicialmente y ni la lógica, ni el sentido común pueden interferir en los planes.
Reconoce el tribunal que los hechos son como en su día relatamos los escasos medios que intentamos que alguien nos aclare qué pasó el 11 de marzo de 2004 en Madrid:
Todo eso ha quedado acreditado en el juicio, y así lo reconoce el tribunal. De hecho, el tribunal afirma textualmente que los jefes de los peritos incurrieron "en algunas irregularidades administrativas". Sin embargo, afirma el tribunal que no existe delito de falsificación, porque esos párrafos mutilados no eran relevantes para la investigación.
No deja de ser curioso el razonamiento del tribunal: si los jefes de los peritos no consideraban que esos párrafos tuvieran relevancia, ¿para qué se tomaron tanto trabajo para eliminarlos? ¿Para qué mutilar un informe, alterar un libro de registro y alterar el sobre de guarda del informe? ¿Para qué arriesgarse a cometer un delito para eliminar algo que consideraban irrelevante?
Evidentemente, el argumento es tan insostenible, que el tribunal
añade una razón por la cual los jefes de los peritos deseaban eliminar
las referencias a ETA: por "las repercusiones mediáticas del tema".Es
decir, que unos mandos de la Policía Científica excluyen esas
referencias a ETA después de valorar cómo iba a "repercutir
mediáticamente" el tema. Y eso justifica, a ojos del tribunal, que
mutilaran el informe y que cometieran esas "irregularidades
administrativas" que el propio tribunal reconoce.
No está mal como doctrina jurídica, señores miembros del tribunal: a
partir de ahora, antes de enviar a un juez un informe pericial,
primero hay que valorar las "repercusiones mediáticas" del contenido
del informe y modificarlo convenientemente. Debe de ser que hemos
entrado en el Estado de derecho posmoderno.
¿Me permiten unas preguntas, queridos miembros del tribunal? Nada tengo que objetar al hecho de que el que alguien altere un informe para eliminar de él cosas irrelevantes nunca puede ser constitutivo de delito. Pero eso exige, claro está, que quien mutila unas informaciones por considerarlas irrelevantes cumpla dos condiciones:
¿Me pueden decir, señores miembros del tribunal, en qué sentido eran
esos mandos de la Policía Científica competentes para decidir qué
indicios eran relevantes o no para el juez Del Olmo, que cuatro meses
antes había ordenado que se le informara de todos los posibles vínculos
entre ETA y el terrorismo islámico?
¿Y me pueden decir en qué pudieron basar su decisión esos mandos de la
Policía Científica, si el 95% del sumario estaba bajo secreto?
El razonamiento del tribunal es inherentemente perverso, porque ni esos mandos tenían atribuciones para juzgar qué era relevante y qué no, en cuanto a esa mención de antecedentes de hallazgo del ácido bórico, ni esos mandos policiales podían conocer qué líneas de investigación estaban siguiendo las distintas unidades de los distintos servicios de información, dentro de una causa que se encontraba bajo secreto de sumario.
Pero en esas estamos. Hay que cerrar el 11-M y nada mejor para ello
que enviar un mensaje alto y claro a todos los funcionarios policiales:
no se molesten ustedes en denunciar ninguna posible falsificación en
relación con el 11-M, porque si lo hacen, les vamos a crucificar. Y
además, ya nos encargaremos de matar judicialmente el asunto como
convenga.
Aunque eso exija proscribir el sentido común dentro de una sentencia.
El lunes 29 de enero de 1979, una chica de 16 años, Brenda Ann Spencer, abrió fuego desde su casa contra los niños que acudían a la escuela elemental Cleveland, de San Diego (EE.UU.), situada enfrente de su domicilio. Utilizó para ello un rifle que su padre le acababa de regalar.
El episodio de San Diego es uno de los primeros tiroteos contra escuelas en Estados Unidos de los que tengamos noticia. Es veinte años anterior, por ejemplo, a la famosa masacre de la escuela secundaria de Columbine, que dio origen a la película "Bowling for Columbine", de Michael Moore.
Brenda Ann Spencer hirió con sus disparos a 8 alumnos y a un policía, y mató a dos empleados de la escuela, Burton Wragg y Mike Suchar, que murieron al ser tiroteados cuando intentaban salvar a los niños, apartándolos de la línea de fuego.
Los agentes rodearon la casa y tardaron seis horas en hacer salir a Brenda. Cuando el negociador de la Policía preguntó a la chica, que permanecía atrincherada en el interior de su domicilio, por qué había hecho aquella barbaridad, su respuesta fue: "No me gustan los lunes. Esto hace que el día sea más interesante".
La colosal irracionalidad de la explicación inspiró a Bob Geldorf,
vocalista del grupo Boomtown Rats, la composición de un tema musical
que casi todo el mundo habrá escuchado alguna vez:
I don't like Mondays
Cualquier persona a la que preguntemos se mostraría de acuerdo con Bob Geldorf en lo irracional del episodio: ¿cómo puede alguien tirotear a 11 personas simplemente porque no le gustan los lunes? Pero no deja de ser curiosa nuestra propia actitud: lo que nos asombra en el caso de Brenda Ann Spencer no es que alguien sea capaz de disparar a 11 personas, sino el motivo aducido para hacerlo. Lo que quiere decir que, si alguien tirotea a 11 personas por dinero, por celos o en nombre de una ideología, eso no nos parece "irracional". Nos puede parecer horroroso, deleznable, merecedor de castigo... pero somos capaces de "entender" por qué esa persona ha actuado así. Y, curiosamente, nos sentimos menos desasosegados cuando somos capaces de identificar las motivaciones. Nos horroriza más el no comprender el por qué de un asesinato que el asesinato en sí.
En realidad, ninguno nos creemos realmente que Brenda la emprendiera a tiros porque no le gustaban los lunes. Es muy posible que diera esa explicación como podría haber dicho que no le gustaban los días nublados, o que alguien la miró mal aquella mañana. Lo más terrible del caso es que probablemente Brenda no tuviera motivo ninguno, ni siquiera irracional, para ponerse a probar el rifle que le habían regalado. Fueron muertes completamente gratuitas, incluso contempladas desde la irracionalidad. Brenda fue, para las personas tiroteadas, un desastre tan aleatorio como un terremoto o cualquier otra catástrofe natural que se hubiera abatido sobre aquella escuela elemental.
Y, ya puestos a analizar la racionalidad o irracionalidad de las actitudes, podríamos preguntarnos qué hay de racional en el comportamiento de aquellos dos empleados de la escuela, Burton Wragg y Mike Suchar, que murieron al intentar salvar a los alumnos de las balas disparadas por Brenda. ¿Acaso es "racional" que alguien muera mientras intenta salvar de la muerte a unos niños que ni siquiera son suyos? ¿Qué tiene de "racional" el heroísmo? Probablemente, si Burton y Mike hubieran tenido tiempo de pensar, de "racionalizar" lo que sucedía, habrían llegado a la conclusión de que no tenían ninguna gana de arriesgar su vida. Pero, enfrentados a la situación, murieron como héroes por salvar a otros, simplemente porque era su deber proteger la vida de aquellos alumnos.
¿Por qué hay personas capaces de matar sin motivo alguno? ¿Por qué hay personas capaces de arriesgar su vida por salvar a otros?
En realidad, no puedo evitar pensar que estas dos preguntas son incorrectas. Porque lo que más me llama la atención del episodio de Brenda es, precisamente, que podía no haber existido nunca. Brenda podía haberse levantado aquella mañana y haber visto algo a través de la ventana que la pusiera de un humor distinto al que tenía cuando comenzó a disparar su rifle. ¿Hubiera llegado a ser una asesina Brenda más adelante, de no haberse decidido a usar su rifle aquella mañana? En caso negativo, ¿hubiera sido Brenda capaz de morir, años más tarde, intentando salvar la vida de alguien?
No creo que existan personas incondicionalmente malas o incondicionalmente buenas. Creo que casi todo el mundo tiene en su interior la semilla tanto de lo más heroico como de lo más atroz. Y me asusta pensar hasta qué punto depende nuestra vida de que sucesos aleatorios hagan emerger una u otra faceta de nuestra personalidad en un momento determinado, marcando a partir de aquel punto toda nuestra existencia.
Brenda "eligió" ser una asesina aquel 29 de enero de 1979. Pero podía haber elegido otra cosa. Porque ninguno "somos" de una determinada forma, sino que nos vamos eligiendo a nosotros mismos cada vez que tomamos una decisión, por pequeña que sea. Y es esa responsabilidad lo que a veces nos da miedo.
Por lo que vamos viendo hasta ahora, podemos ir sacando una serie de conclusiones:
Analicemos ahora otro de los aspectos que más dudas suscitan en lo que respecta a la verdadera personalidad de Jamal Ahmidan: su identificación como uno de los presuntos suicidas aparecidos en Leganés.
Como el lector recordará, en Leganés aparecieron cuatro cadáveres con manos (Abdenabi Kounjaa, El Tunecino, Anouar Asrih Rifaat y, supuestamente, Jamal Ahmidan) y otros tres sin ellas (los dos hermanos Oulad Akcha y Allekema Lamari).
A los cuatro cadáveres que aparecieron con manos se les identificó por necrorreseña, lo que quiere decir que se introdujeron sus huellas en las bases de datos policiales y se averiguó su identidad.
Pero en el caso de Jamal Ahmidan, lo que se obtuvo al consultar las bases de datos policiales es, según nos dicen, otro nombre distinto: el de Ahmed Ajon, detenido por primera vez en Algeciras en el año 1992. Jamal Ahmidan no figuraba en las bases de datos policiales.
¿Cómo determinó la Policía que Ahmed Ajon era el mismo que Jamal Ahmidan? Pues, según nos dicen, porque Marruecos remitió a España la reseña decadactilar de Jamal Ahmidan, lo que permitió comparar las huellas y concluir que pertenecían a la misma persona.
Sin embargo, en el sumario del 11-M no figura ningún documento enviado por Marruecos con esa supuesta reseña decadactilar de Jamal Ahmidan. Es decir, los informes policiales dicen que Marruecos ha enviado esa reseña decadactilar, pero en ninguna parte consta ninguna petición de información a Marruecos al respecto, ni tampoco ninguna comunicación de Marruecos adjuntando semejante información.
No sólo eso, sino que en el sumario del 11-M hay algunos episodios bastante curiosos de los que parece desprenderse que nuestro vecino del sur no estaba precisamente dispuesto a mojarse en todo lo relativo a Jamal Ahmidan y a su supuesta relación con el 11-M.
Así, por ejemplo, el día 10 de mayo de 2004, la jueza Teresa
Palacios dirigía un fax al Consulado General de Marruecos en España
para que le informara de los datos de filiación de Jamal Ahmidan, de su
hermano Mostafá y de su padre Ahmed. Tres dias después, el Consulado
Marroquí le informaba a Teresa Palacios de que Mostafá Ahmidan era hijo
de Ahmed y Rahma, de que había nacido en Tetuán el 27/1/1968 y de que
figuraba inscrito en el consulado con el número de matrícula 58163. Sin
embargo, con respecto a Jamal Ahmidan y su padre Ahmed Ahmidan, el
Consulado se limitaba a comunicar a Teresa Palacios que... en el
consulado no figuraban inscritas semejantes personas. Al día siguiente,
Mustafá Ahmidan, seguramente a requerimiento de la propia jueza,
comparecía para traer el libro de familia de los hermanos Ahmidan, con
lo que la jueza se dio por satisfecha, pero no deja de resultar curiosa
la parquedad de la respuesta del consulado.
Por cierto, el hecho de que en el consulado no constara nadie llamado
Jamal Ahmidan invita a pensar que es imposible que Jamal se sacara su
copia del DNI marroquí en España.
El segundo episodio extraño es el relativo a los padres de Jamal. En ninguna parte del sumario consta que se pidieran en ningún momento a Marruecos muestras genéticas de los padres de Jamal Ahmidan, para comprobar que efectivamente era su hijo el que había muerto en Leganés. Tampoco se aprovechó la comparecencia del padre ante el Juzgado de Teresa Palacios para tomarle muestras genéticas. En consecuencia, en ninguna parte del sumario consta que se haya hecho ninguna prueba para determinar que el cadáver aparecido en Leganés es el de ese Jamal Ahmidan hijo de Ahmed y Rahma.
El tercer episodio es aún más sugerente. Como ya sabemos, nos dicen que ese Yousef Ben Salah al que la Guardia Civil multó en Burgos era Jamal Ahmidan. Sin embargo, la Guardia Civil no debía de tenerlas todas consigo, porque el día 4 de mayo de 2004 dirigió una solicitud de colaboración policial internacional a Marruecos, a través de PERPOL, para que confirmara quién era Yousef Ben Salah y cuáles eran sus antecedentes. Ante la ausencia de respuesta, la Guardia Civil reiteró la solicitud el 28 de junio de 2004 y una tercera vez el 13 de mayo de 2005.
Como a la tercera va la vencida, el 26 de mayo de 2005 la Guardia Civil recibió una comunicación de la gendarmería marroquí que se limitaba a decir que con el nombre de Yousef Ben Salah sólo figuraban dos personas en su base de datos: un marroquí nacido en Argelia y un francés de origen marroquí, ninguno de los cuales tenía antecedentes.
Formalmente, la contestación de la Gendarmería marroquí es irreprochable, pero no deja de ser curioso que en 2005 la Guardia Civil y Marruecos andaran pasándose unos a otros la pelota y que nadie quisiera certificar que Yousef Ben Salah era, en efecto, Jamal Ahmidan.
Resumiendo la situación, en ninguna parte del sumario consta ninguna comunicación oficial marroquí validando toda la historia de Jamal Ahmidan, ni siquiera una mínima parte de la misma. De hecho, ni siquiera fue aportado por Marruecos el boletín de excarcelación que supuestamente "demostraría" que Jamal Ahmidan estuvo en la cárcel en Marruecos, sino que ese boletín se encontró en el registro de la casa de C/ Villalobos.
¿Quién era realmente ese Jamal Ahmidan, sobre el cual parece que Marruecos ha querido lavarse las manos?
Por lo que podemos deducir del libro de familia aportado por su hermano Mustafá Ahmidan, Jamal era el cuarto de una familia de catorce hermanos, todos ellos nacidos en Tetuán:
Familia: Ahmidan
Nombre del padre: Ahmed El Haj Zadli
Nombre de la madre: Rahma.(En el registro de la C/ Aceuchal 9, domicilio de algunos de los hermanos Ahmidan, se intervino una tarjeta sanitaria de la Comunidad de Madrid a nombre de Rahma Ahmidan, lo que indica que ha debido de vivir en Madrid al menos un tiempo.)
Hijos:
Por completar los datos, digamos también que en España vivían al menos tres primos de Jamal Ahmidan:
El DNI marroquí que la familia de Jamal aportó a Teresa Palacios, y que está fechado el 7 de agosto de 2003, plantea un interesante problema: si Jamal se lo hizo en Marruecos, ¿cómo es posible que aparezcan documentos con fecha 5 de agosto de 2003 que sitúan a Jamal en Madrid con la identidad de Yousef Ben Salah? Y si Jamal se lo hizo en Madrid, ¿entonces las autoridades marroquíes tenían constancia de la estancia en Madrid de Jamal Ahmidan desde 2003, y nadie avisó de ese "peligrosísimo" sujeto que tanto se había islamizado en la cárcel marroquí?
Pero lo más curioso de ese DNI marroquí es la fotografía. Como ya dijimos en un hilo anterior, la "demostración" de que Yousef Ben Salah y Jamal Ahmidan son la misma persona se basa en los tres documentos de fecha 5/8/2003 que aparecieron en la C/ Villalobos y en el contrato de alquiler de la casa de Morata de Tajuña, que también estaba a nombre de Yousef Ben Salah.
Y lo interesante es que ese contrato de alquiler de la casa de Morata de Tajuña incluye una fotocopia del pasaporte belga que supuestamente exhibió el inquilino:
Como puede verse, la fotografía del pasaporte belga falso es exactamente la misma que la del DNI marroquí supuestamente real. ¡No me digan que no era apañadito Jamal Ahmidan! Se saca su DNI marroquí y, con las fotos que le han sobrado, se va al falsificador de documentos de la esquina para que le haga un pasaporte belga con una identidad ficticia.
No es el único dato curioso con respecto a ese pasaporte belga. Se supone que es ese mismo pasaporte el que Jamal Ahmidan enseña a los guardias civiles que le multan en su viaje por Burgos. Sin embargo, hay una discrepancia bastante curiosa.
El número del pasaporte, tal como consta en el contrato de alquiler de la casa de Morata y tal como se aprecia (aunque un poco mal) en la fotocopia del pasaporte, es el EB 988543. Yo personalmente veo un 9 en lugar de un 4 en la penúltima posición, pero los informes policiales dicen que es EB 988543 y a eso me remito. En cualquier caso, el número es ése o, como mucho, otro que difiera en un par de dígitos.
Y aquí viene lo curioso: el número de pasaporte que figura en las multas de Burgos es el 02274143-22.
¿Qué explicación podríamos buscar al hecho de que los números de pasaporte belga de Jamal no coincidan en el episodio de Morata y en el de Burgos? Pues podemos suponer, por ejemplo, que el episodio de Burgos es, como todo lo relativo al viaje a Asturias de Jamal, un mero invento.
O podemos suponer que Jamal Ahmidan tenía no uno, sino dos pasaportes belgas falsos a nombre de Yousef Ben Salah, teniendo cada uno de los pasaportes belgas un número distinto. ¿Les parece a ustedes absurda esta última explicación? ¡Pues es exactamente la que proporciona uno de los informes policiales enviados a Del Olmo: que los números tal vez son distintos porque Jamal Ahmidan encargó dos pasaportes falsos iguales, con exactamente los mismos datos (salvo el número, claro)! Vamos, que el falsificador de la esquina debía de tener una promoción como la de una conocida cadena de óptica con las gafas: por un euro más, te llevas otro pasaporte igual.
En fin, vamos terminando con los documentos y las fotografías, porque ya nos hemos mareado bastante con tanta incongruencia, tanto dato falso y tanto episodio inventado, y aún nos quedan muchas cosas aún más interesantes que ver con respecto a Jamal Ahmidan, su historial y su familia. Pero antes de acabar, vamos a recopilar algunas imágenes, para nuestra colección de fotografías e identidades falsas de Jamal.
En el sumario no se recogen todas las fotografías de Jamal encontradas en diversos registros, pero sí que se recogen algunas:
Fotografías de Jamal aportadas por su suegra
Permiso de conducir español a nombre de Mustafá Mohamed Larbi: Encontrado en Leganés. El soporte del documento es auténtico, los datos están impresos con un sistema que no es el oficial.
Pasaporte español a nombre de Mustafá Mohamed Larbi: Encontrado en Leganés. El soporte es auténtico, los datos son reales, la fotografía está cambiada
DNI español a nombre de Redouan Abdelkader Layasi: Encontrado en la casa de Hicham Ahmidan (primo de Jamal). El soporte es auténtico, los datos son auténticos, la fotografía está cambiada.
Tarjeta de residencia a nombre de Otman El Gnaoui: Encontrado en la casa de Hicham Ahmidan (primo de Jamal). El soporte es auténtico, los datos están impresos con un sistema que no es el oficial.
Permiso de conducir español a nombre de Otman El Gnaoui: Encontrado en la casa de Hicham Ahmidan (primo de Jamal). El soporte es auténtico, los datos están impresos con un sistema que no es el oficial.
Pasaporte de Marruecos a nombre de Otman El Gnaoui: Encontrado en la casa de Hicham Ahmidan (primo de Jamal). El soporte es auténtico, los datos son auténticos, la fotografía está cambiada.
Y para terminar, aquí está otro documento falso más de Jamal Ahmidan, a nombre de Said Tlidni. Este documento lo utilizó Jamal, según los informes policiales, para realizar una operación de cambio de divisas en Holanda, en noviembre de 1999. Yo personalmente me confieso incapaz de determinar si el que aparece en la foto es Jamal Ahmidan, pero los informes policiales dicen que sí es él.
Como hemos visto en el hilo anterior, si Jamal Ahmidan es la persona que nos han mostrado en las distintas fotos publicadas, entonces no es posible que sea la misma persona que Suárez Trashorras conoció con el alias de Mowgly y que supuestamente le compró dinamita en Asturias el fin de semana del 28 de febrero de 2004.
También hemos visto que existen ciertas dudas de fechas en cuanto al episodio del ingreso de Jamal Ahmidan en una cárcel marroquí.
Volvamos a centrarnos en este punto: el de la ida y vuelta de Jamal Ahmidan a Marruecos.
Según el informe de la UCI de junio de 2005 y otros datos aportados al sumario, la secuencia de fechas sería la siguiente:
Parece, por tanto, que Jamal Ahmidan se fue a Marruecos en algún momento comprendido entre el 5/7/2000 y el 12/12/2000 y volvió de Marruecos con posterioridad al 17/6/2003. ¿Podemos tratar de afinar un poco más las fechas?
Como dijimos al hablar de Yousef Ben Salah (otra de las supuestas personalidades de Jamal Ahmidan), la convergencia entre la personalidad de Yousef Ben Salah y la de Jamal Ahmidan se produce gracias a que en el registro del domicilio de la C/ Villalobos 51 se encontraron documentos a nombre de Yousef Ben Salah.
En concreto, se encontraron los siguientes tres documentos:
Obsérvese que los tres documentos son de la misma fecha: 5 de agosto de 2003. Alguien puso un curioso empeño en demostrarnos que Yousef Ben Salah estaba el 5 de agosto de 2003 en España, viviendo en la C/ Villalobos 51 y usando el número de teléfono 637093220.
Aceptemos que es así. Entonces, tenemos que añadir a nuestra cronología el siguiente hecho:
Y está claro, a la luz de este dato, que Jamal Ahmidan se fue a Marruecos en algún momento comprendido entre el 5/7/2000 y el 12/12/2000 y volvió de Marruecos en algún momento comprendido entre el 17/6/2003 y el 5/8/2003. Parece que están claras las fechas, ¿no?
Pues desgraciadamente no.
En uno de los tomos del sumario del 11-M dedicados al episodio de
Leganés consta que Mustafá (hermano de Jamal Ahmidan) y Ahmed (padre de
Jamal Ahmidan) comparecieron el día 5 de mayo de 2004 en el juzgado
dirigido por Teresa Palacios para reclamar el cuerpo de Jamal. Y en esa
comparecencia aportaron el documento nacional de identidad marroquí de
Jamal, que es el que se muestra en la siguiente imagen:

Como puede verse, ese DNI marroquí fue expedido el 26/7/2000, lo que permite fijar la fecha de llegada de Jamal a Marruecos entre el 5/7/2000 y el 26/7/2000. Pero eso quiere decir que Jamal Ahmidan no ingresó en la cárcel hasta cinco meses después de su llegada a Marruecos, lo que echa por tierra la lacrimógena historia, publicada en algunos medios, de que Jamal volvió a Marruecos para saldar cuentas pendientes que tenía con la Justicia. Si así fuera, habría ingresado inmediatamente en la cárcel, no cinco meses después. Entonces, ¿por qué ingresó Jamal en la cárcel? ¿Tal vez por algún delito cometido entre el 26/7/2000 y el 12/12/2000, fecha de su ingreso en prisión?
Pero ese DNI marroquí plantea otro problema de fechas: como puede observarse, no se trata del DNI original, sino de un duplicado, emitido con fecha 7/8/2003, dos días después de ese 5 de agosto en que nos dicen que Jamal Ahmidan se dedicaba a hacer sus recados mientras vivía en el piso de la C/ Villalobos. ¿Es que después de hacer sus recados en la C/ Villalobos se fue otra vez a Marruecos, a sacarse un duplicado del DNI?
Como vemos, hay cosas que distan mucho de estar claras en lo que respecta al periplo marroquí de Jamal.
¿En qué fecha volvió realmente Jamal de Marruecos?
La nota informativa de la Guardia Civil de fecha 25 de marzo de 2004 que comentábamos en el hilo anterior plantea un interesante problema temporal: si Yousef Ben Salah era Jamal Ahmidan, ¿cómo es posible que Yousef Ben Salah estuviera empadronado en 2002 en Madrid, si se supone que Jamal Ahmidan cumplió condena en Marruecos entre finales de 2000 y mediados de 2003?
No es el único dato que no cuadra en esa supuesta estancia en prisión en Marruecos: ya hemos señalado que los informes policiales son aparentemente contradictorios en cuanto a las circunstancias en que se produjo la entrada y salida de Jamal Ahmidan en la cárcel marroquí.
Además (como ya avanzamos en su día en un hilo anterior del blog, "Carta a un preso") en el registro del domicilio de la C/ Villalobos, el 26 de marzo, aparecieron documentos que tampoco encajan con el episodio carcelario de Jamal Ahmidan en Marruecos. En concreto, en ese domicilio aparecen varias cartas dirigidas, según la UCI, a Jamal Ahmidan, y entre ellas hay una fechada el 8 de noviembre de 2001 y escrita por una de sus hermanas, Latifa, y de la que parece desprenderse que Jamal estaba en esa fecha en la cárcel, sí, pero en España.
¿Estuvo realmente Jamal en una cárcel marroquí en las fechas que nos dicen?
Dejemos esa pregunta por el momento y pasemos a otra de las personalidades atribuidas a Jamal: la de ese Mowgly que supuestamente va a ver a Asturias a Emilio Suárez Trashorras para aprovisionarse de explosivos.
Como ya hemos dicho en repetidas ocasiones, Trashorras no habla en sus primeras declaraciones ni de Jamal, ni de El Chino, sino que habla de un marroquí apodado Mowgly. Sólo posteriormente se produce la convergencia de ese Mowgly con Jamal.
De hecho, en sus primeras declaraciones, Emilio Suárez Trashorras proporciona una descripción física que no concuerda para nada con la de Jamal Ahmidan. Recomiendo releer el hilo que en su día publicamos sobre la cicatriz mutante de Jamal/Chino/Mowgly, de la que hablan tanto Emilio Suárez Trashorras, como El Gitanillo, como Larbi Raichi, como Rafá Zouhier.
Obsérvese que la aseveración de Emilio Suárez Trashorras en su primera declaración ante la Policía es enormemente contundente: ese marroquí llamado Mowgly que subió a Asturias a por el explosivo "tiene la cara como un mono y una cicatriz vertical entre las cejas".
¿Alguien ve alguna cicatriz vertical entre las cejas en estas fotos de Jamal Ahmidan que ha recopilado nuestro contertulio peonxrey: Fotos de Jamal Ahmidan?
Evidentemente, si el viaje de esos marroquíes a Asturias existió, desde luego Jamal Ahmidan no estaba entre ellos. El Mowgly del que Trashorras hablaba no puede ser (como la ausencia de cicatriz atestigua) ese Jamal Ahmidan que conocemos por las fotos que se han difundido.
P.D.: Para Zapallar. Que me insultes a mí me importa bastante poco, pero te rogaría que te abstuvieras de insultar a otros miembros del blog. No tenía intención de contestar a tus mensajes, porque ya en una ocasión te pedí que dieras los argumentos en los que sustentas tu afirmación de que alguien llamado El Chino puso las bombas de los trenes y todavía estoy esperando a que me respondas.
Pero en vista de que estás cayendo en la descalificación pura y dura
de quienes se niegan a aceptar las afirmaciones no argumentadas que
realizas, y en vista de que parece ser que lo que te molesta es que no
me haya hecho eco de la, según tú, "importante entrevista" realizada
por CityFM a un supuesto testigo, déjame que te diga alguna cosa, con
todo el cariño del mundo.
Dices lo siguiente en el post 229 del hilo anterior:
Naturalmente sé que Luis del Pino no es capaz de rectificar. Tiene demasiada soberbia y le falta una mínima honradez intelectual y personal para hacerse eco de una importante entrevista que tuvo lugar precisamente en el medio que le ayudó al principio de sus investigaciones. Además es incapaz de explicar cómo teniendo conocimiento de esas informaciones no las considera importantes, por el simple hecho de que no encajan en su simplista rompecabezas del 11-M: Todo es mentira en el 11-M. Jamal Ahimidan no existió y es una invención de unos golpistas.
En primer lugar, te rogaría que si tienes el más mínimo dato sobre la, según tú, "falta de honradez personal" de Luis del Pino, lo expongas públicamente. Y si no lo tienes, que te disculpes por esa afirmación, que me parece completamente impropia, porque no creo ser merecedor de insultos gratuitos.
En segundo lugar, y con respecto a mi, según tú, "incapacidad de rectificar", te rogaría que concretaras qué es lo que tengo que rectificar, porque todavía no lo he logrado entender, seguramente porque soy muy torpe. Eso sí, te pediría que argumentaras las afirmaciones que realices y que no te limitaras a exponerlas.
En tercer lugar, con respecto a mi, según tú, "falta de honradez intelectual" para hacerme eco de la entrevista realizada a un supuesto testigo en CityFM, permíteme que te diga alguna cosa: desde el principio he sostenido que el 11-M no fue un atentado islamista y que el intento de achacar el atentado a una panda de delincuentes comunes, confidentes e islamistas de salón se sustentaba en una auténtica marea de pruebas falsas. Por tanto, cuando aparece un testigo como el que habéis entrevistado en CityFM, que viene a decir que el 11-M fue un golpe de estado alentado o controlado desde los servicios secretos españoles, nada hubiera sido más fácil para mí que agarrarme a esa historia, hacerme eco de esa entrevista y decir "¿Ven ustedes como el 11-M fue un golpe de estado?".
Sin embargo, y precisamente por honradez intelectual, yo no puedo aceptar como prueba de nada un testimonio que no me merece credibilidad ninguna. Mi obligación, cuando alguien me llega con una historia, es analizar lo que dice y tratar de llegar a una conclusión sobre si lo que me cuenta es cierto o no. Y ver si está sustentado en pruebas o no. Y ver si encaja con otras informaciones que yo pueda tener. Y ver si el testigo no desbarra, no se contradice y no se evade.
Si mañana me llegara alguien diciéndome "yo sé que Fulanito de Tal fabricó y colocó la mochila de Vallecas en la tarde del 11-M", lo que yo haría es analizar lo que esa persona me dijera y ver si su testimonio es verosímil o no. Y si llego a la conclusión de que no es verosímil, no publicaría ni media palabra, por mucho que ese testimonio viniera a avalar mis tesis.
Para mí, honradez intelectual es no publicar ninguna noticia que a mí mismo no me parezca creíble, por muy llamativa que esa noticia pueda ser. Y si a alguien le molesta, me temo que no puedo hacer nada al respecto.
Comencemos nuestra búsqueda de la verdadera personalidad de Jamal Ahmidan, tratando de determinar la génesis de la primera de las identidades que confluyen en el personaje: la de Yousef Ben Salah. Como el lector recordará, Yousef Ben Salah es el nombre que supuestamente proporciona el marroquí indocumentado al que la Guardia Civil multa el 29 de febrero de 2004 en la provincia de Burgos, mientras iba al volante de un Toyota.
En una nota interna de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, fechada el 25 de marzo de 2004, se da cuenta de las investigaciones realizadas en torno al famoso Toyota Corolla que se supone que participó en el transporte de los explosivos desde Asturias.
Como primer dato curioso, esa nota dice que la Guardia Civil entrevistó a la propietaria del Toyota, Beatriz H. C., el 24 de marzo de 2004. No se hace la más mínima mención a que nadie de la Guardia Civil hubiera hablado con ella con anterioridad al 11-M. Pero eso no es lo más importante de esa nota.
En la nota se enumeran los elementos supuestamente encontrados dentro del Toyota cuando se produce el accidente de circulación de El Gitanillo, el 5 de marzo. Esos elementos son:
A continuación, la nota resume las indagaciones realizadas y dice que en la C/ Pozas 6, 2º A viven unos japoneses, por lo que se trata de un domicilio falso, mientras que el domicilio real de Yousef Ben Salah, según el padrón municipal de 2002, estaría en la C/ Embajadores 152, Bajo B.
Allí figuraría empadronado Yousef Ben Salah, según la nota, junto con otras tres personas: Rebekah Peinado, Ghalia Trabelsi y Ghalia Jelassi. La nota añade que hay dos personas sospechosas de terrorismo islámico que tienen el apellido Trabelsi. La nota se refiere a los hermanos Nizar y Mourad Trabelsi.
Nizar Trabelsi es, en concreto, un futbolista tunecino que fue condenado en Bélgica en 2003 por intento de atentado contra una base aérea de la OTAN. Había sido detenido 2 días después del 11-S. En diciembre de 2007 se produjo un supuesto intento de liberarle por la fuerza: http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/europe/7157235.stm.
Como en el propio sumario del 11-M se señala, los hermanos Trabelsi eran considerados por la Policía como uno de los puntos de conexión con el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate y con las redes de Al Qaeda dirigidas por Al Zarkawi.
Tenemos, por tanto, que en fecha 25 de marzo el nombre de Yousef Ben Salah que la Guardia Civil había puesto sobre la mesa con las multas del viaje desde Asturias todavía no apuntaba hacia ningún Jamal Ahmidan, sino hacia una conexión mucho más directa con Al Qaeda a través de personas supuestamente vinculadas a redes terroristas islámicas de ámbito europeo.
La conexión con el resto de identidades de Jamal Ahmidan se produciría en los días siguientes, con el hallazgo (26 de marzo), en el registro de la casa de la C/ Villalobos 51, del resguardo de una transferencia realizada por un tal Yousef Ben Salah al casero del piso y con la entrega (28 de marzo) por parte de la propietaria de la casa de Morata de Tajuña (Nayat Fadal) de un contrato de arrendamiento a nombre de Yousef Ben Salah.
El resto de datos que vinculan a Jamal Ahmidan con el apellido Ben Salah se aportan al sumario muchísimo más adelante. Por ejemplo, el hecho de que la novia de Abdelilah Ahmidan (hermano de Jamal) se llamara Sabrina Ben Salah, o el hecho de que en el listado de visitas al centro de detención de extranjeros en el año 2000 (en el que Jamal Ahmidan ingresó con la identidad de Said Tlidni) figure como visitante de Said un tal Mostafá Ben Salah, con domicilio en la C/ Embajadores 24 Bajo Dcha.
Decíamos en el hilo anterior que lo más interesante de esa versión oficial sobre Jamal Ahmidan, elaborada por la UCI en junio de 2005, no son las omisiones, falsedades y contradicciones demostradas. Lo más interesante es el carácter mutante de esa historia.
Porque el sumario del 11-M contiene, de hecho, otra versión de la historia de Jamal Ahmidan. Se trata de un embrión de informe, redactado mucho tiempo antes que el de junio de 2005. Y la comparación entre ambas versiones de la historia resulta enormemente preocupante.
Concretamente, el 3 de mayo de 2004, un mes después de la explosión del piso de Leganés, la Unidad Central de Inteligencia de la Comisaría General de Información presentaba al juez Del Olmo un primer informe acerca de ese presunto suicida de Leganés llamado Jamal Ahmidan.
A continuación incluimos el texto completo de ese primer informe. Invito al lector a leerlo con detenimiento y a compararlo con el otro informe, redactado quince meses después del atentado:
Jamal AHMIDAN (a) MOOGLY (a) EL CHINO (a) MURAD
Nacido el 28-10-1970, en Tánger (Marruecos), hijo de Ahmed ALAMI y Rahma AHMED, con domicilio en la C/ Pozas, núm. 4, 2° lzda. de Madrid
NIE. X-4528673-L CIN n° L-264473.Inmolado el 03.04.04 en Leganés (Madrid) (Informe de Policía Científica n° 116 IT 04 de fecha 22.04.04 remitido al J.C.I. n° 3 de la Audiencia Nacional. Diligencias Previas núm 101/2004).
Ha utilizado las siguientes documentaciones, en las que pegaba su fotografía:
1. El Permiso de Conducción a nombre de Otman EL GNAOUI con NIE X-0117566-M, y el pasaporte número N-371845 con domicilio en la Plaza Coronación 15 de Pozuelo de Alarcón (Madrid).
2. La tarjeta de residencia a nombre de Otman EL GNAOUI, con domicilio en la calle Salamanca 33-2° A de Zaragoza.
3. DNI número 45.023.330-C a nombre de REDUAN ADELKADER LAYASI, con domicilio en la calle Barriada Príncipe Felipe 23-2° B de Ceuta.
4. Pasaporte belga a nombre de YOUSSEF BEN SALAK O BEN SALAH
5. Ha utilizado también la filiación falsa de Said TLIDNI, NIE: X-1327519-M.- En el año 2000, cumplió pena de prisión de 4 meses por posesión de pasaporte falsificado. Durante el mismo año estuvo implicado en un asunto de agresión y lesiones con resultado de muerte. Después de haber pasado dos años de detención preventiva en Tetuán fue puesto en libertad por falta de pruebas. Jamal abandonó clandestinamente Marruecos durante el mes de junio de 2003 con destino a España.
- En julio del 2003 regulariza su situación en España.
- En enero de 2.004, utilizando identidad falsa de Youssef BEN SALAK formaliza en contrato de alquiler de la finca de Morata de Tajuña donde, apenas un mes después se almacena el material explosivo sustraído en Asturias y se planifican y preparan los atentados del 11M.
- Junto con Mohamed OULAD AKCHA, realiza supuestamente el viaje de Madrid a Asturias para hacerse con los explosivos y los detonadores.El 26 de marzo de 2004, se efectúa registro en la casa ubicada en la parcela número 2 de polígono 44 de la localidad de Chinchón en Madrid, domicilio del epigrafiado, donde fueron intervenidos restos de material explosivo y detonadores de las mismas características que los utilizados en los atentados del 11M.
Reconocido por Rafael R. H. (taxista), quién realizó el trayecto Barajas-Lisboa, el día 25 de febrero sobre las 07.30 horas, llevando al epigrafiado y a SERHANE a esa ciudad.
Se identificó una huella del epigrafiado, en una tarjeta Amena Auna intervenida en el interior de la casa de Morata de Tajuña. Dicha huella corresponde a un "USA" con el nombre de Ahmes AJON con n° ordinal informático 154001335, n/12/10/71, h/ de Ahmed y Ohama con domicilio en C/Corredera de San Pablo 22, 1° Izquierdo.
Reconocido por Alberto G. S., como la persona que le llevó a la parcela de Morata de Tajuña, cuando realizaba un porte de materiales de construcción.
Obsérvese que existen evidentes, y numerosas, diferencias entre ambas
versiones de la historia de Jamal Ahmidan. Algunas de esas diferencias
son simplemente naturales: por ejemplo, el hecho de que la primera
versión del informe no indique nada sobre los teléfonos utilizados por
Jamal Ahmidan, o sobre las declaraciones de ciertos testigos, es
bastante lógico, ya que lleva tiempo efectuar el análisis de ciertas
informaciones, de modo que en la fecha de redacción del primer informe
no se disponía todavía de los correspondientes datos.
El problema son esas otras diferencias que no tienen ninguna explicación lógica, y que apuntan al carácter mutante de la historia de Jamal Ahmidan:
1) Los alias
El primer informe hace referencia a tres alias distintos utilizados por Jamal Ahmidan: Mowgly, El Chino y Murad.
El origen de los dos primeros alias está claro: Moogly (o Mowgly) sería el alias con el que lo conocían el grupo de los asturianos encabezado por Emilio Suárez Trashorras. El Chino sería el alias que Jamal Ahmidan utilizaría, según la propia Policía, en otros ambientes. Pero ¿de dónde sale el alias de Murad? En el sumario no se vuelve a hacer mención de ese alias de El Chino, ni se dice tampoco cuál es el origen de ese dato. Como dato curioso, Murad era el alias de uno de los contactos de Mohamed El Egipcio, pero ese tal Murad no tiene nada que ver con Jamal Ahmidan.
2) La condena en Marruecos
La versión oficial nos dice que Jamal Ahmidan mató a alguien en Marruecos y que por eso cumplió condena de prisión allí desde el 12-12-2000 hasta el 17-6-2003. De hecho, a Abdelilah El Fadual se le llegó a acusar de haber pagado dinero para que Jamal Ahmidan saliera de la cárcel.
Sin embargo, en el informe de mayo de 2004 se afirma que se trató de una simple detención preventiva y que fue puesto en libertad a los dos años por falta de pruebas. Pero entonces, ¿había asesinado Jamal Ahmidan a otro marroquí o no? ¿Fue condenado o no fue condenado? ¿Cumplió condena de prisión o no la cumplió? ¿Le absolvieron por falta de pruebas o alguien pagó para sacarle de la cárcel? ¿Estuvo dos años en detención preventiva, o estuvo cumpliendo condena entre las fechas que luego se señalan?
¿Y qué pasa con todas esas historias lacrimógenas que algunos medios de comunicación publicaron, sobre un Jamal Ahmidan arrepentido de haber matado a un compatriota y que por ello se entrega a las autoridades marroquíes, para saldar sus cuentas con la Justicia? ¿Eran simplemente otra historia para no dormir?
3) Regularización de la situación en España
Peor aún es la contradicción referida a la fecha en que Jamal Ahmidan "regulariza" su situación en España.
Según la versión oficial, de junio de 2005, Jamal Ahmidan solicitó la tarjeta de residencia en fecha 5-7-2000, siéndole concedida por la Comisaría General de Extranjería el 13-8-2002. Sin embargo, según la versión inicial, de mayo de 2004, Jamal Ahmidan regularizó su situación en España en julio de 2003.
¿Cómo es posible semejante discrepancia?
O se sacó la tarjeta de residencia en agosto de 2002, o se la sacó en julio de 2003. Pero es imposible que la base de datos donde constan las informaciones sobre tarjetas de residencia proporcione dos informaciones contradictorias.
4) La detención del año 2000
Aunque lo peor de todo es la inexplicable discrepancia referida a lo que sucedió en 2000, cuando Jamal Ahmidan es detenido en Madrid..
Lo que dice la versión oficial, de junio de 2005, es que Jamal Ahmidan fue detenido con la identidad ficticia de Said Tlidni en marzo de 2000, por falsificación de documentos. Pero no cumplió condena, sino que fue ingresado en un centro de detención para extranjeros, del que se fugaría al mes siguiente (abril de 2000), después de atacar con un spray lacrimógeno a uno de sus guardianes.
Sin embargo, en el primer informe, de mayo de 2004, se dice que Jamal Ahmidan cumplió condena de 4 meses en el año 2000 por posesión de pasaporte falsificado.
Así pues, entre la versión inicial y la definitiva, esa condena de cuatro meses pasa a convertirse en una estancia de un mes en un centro de internamiento para extranjeros.
Y aquí está el problema principal: en los archivos y bases de datos policiales, penitenciarios y judiciales tenía que figurar o una condena de cuatro meses, o una estancia de un mes en un centro de internamiento para extranjeros. O una cosa u otra. Lo que no puede ser es que al consultar esos archivos o bases de datos se obtengan dos respuestas diferentes. A menos, claro está, que se modifiquen esos archivos o bases de datos entre una consulta y otra.
PRIMERA RECAPITULACIÓN
Como vemos, existen contradicciones inexplicables, porque se refieren a datos que sólo pueden haberse extraído de las bases de datos policiales y que, por definición, no podrían ser contradictorios.
Es inevitable, a la vista de estas contradicciones entre un informe y otro, y a la vista de las propias contradicciones internas del informe de junio de 2005, sospechar que la historia de Jamal Ahmidan fue siendo "elaborada" poco a poco, a medida que se intentaba construir el edificio argumental de la versión oficial.
Y eso nos lleva a dos cuestiones importantes. La primera de ellas es: ¿Qué motivo había para tener que construir una historia "controlada" de Jamal Ahmidan? ¿Participó Jamal Ahmidan en los atentados, y toda esa labor de "modelado" de su historia responde al deseo de evitar que se pueda llegar a averiguar quiénes estaban detrás de ese marroquí, es decir, quiénes movían sus hilos? ¿O, en realidad, Jamal Ahmidan no tiene nada que ver con los atentados y lo que se hizo fue construir, a partir de retazos de distintas personas, una personalidad ficticia a la que cargarle la responsabilidad del atentado, con el fin de que los verdaderos culpables se vayan de rositas?
La segunda pregunta, relacionada con la primera, es: ¿qué partes de la historia son ciertas y a quién se refieren? ¿Quién era Jamal Ahmidan, o quiénes eran esas distintas personas a partir de las cuales se elabora la versión oficial del personaje?
A lo largo de los próximos hilos de esta serie, intentaremos poner sobre la mesa los datos existentes, para tratar de profundizar en la respuesta (o en las posibles respuestas) a esas preguntas.
Algunas de las cosas que veremos les resultarán a los lectores ciertamente sorprendentes.
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