Suponiendo que esos datos telefónicos que reflejábamos en el hilo anterior no estén manipulados (luego hablaremos de ese tema), podemos reconstruir en parte las andanzas de Jamal Ahmidan en los días previos al atentado, encajando las distintas piezas que nos han ido contando:
Y ahí se pierde la pista, porque no hay más datos de llamadas de esos dos teléfonos (el 665040605 y el 652286979) con los que hemos tratado de situarle en esos días.
Y aquí viene lo curioso: que no haya más datos del 652286979 es lógico, porque se trata de una tarjeta prepago adquirida el 5 de marzo y que Jamal usa para realizar unas pocas llamadas ese día y el siguiente. ¿Pero qué pasa con el 665040605?
Tenemos identificadas un total de 1279 llamadas realizadas hacia o desde el teléfono 665040605. Se trata de un teléfono que Jamal Ahmidan comenzó a usar el 3/1/2004 y que a partir del 14/1/2004 utilizó a diario, con una media de 25 conversaciones telefónicas o mensajes SMS al día. Y, de repente, el 4 de marzo, ese teléfono se sumerge en el silencio. ¿Cómo es posible?
Que se dejen de producir llamadas salientes es fácil: basta con no usar el teléfono. Y si además ese teléfono se mantiene apagado, será imposible que la operadora telefónica pueda dar datos de posicionamiento de ninguna llamada. Pero ¿cómo es posible que cesen completamente las llamadas entrantes? Aunque tú dejes de usar un teléfono, hay mucha gente que puede tener tu número y que puede continuar llamándote. Es lo que sucede, por ejemplo, con el teléfono de Rafá Zouhier después de su detención: en los días siguientes, Zouhier continuó recibiendo llamadas de gente que tenía su teléfono y que no sabía que había sido detenido. Lo mismo pasa con los teléfonos de otros implicados. Sin embargo, Amena proporcionó los listados de llamadas recibidas por el 665040605 hasta el 30 de marzo y en ellos aparece que después del 4 de marzo se dejan de recibir llamadas. Absolutamente ninguna.
Una posibilidad es que Jamal hubiese avisado a todos sus conocidos de que ya no usaran ese número para llamarle, pero eso sólo es factible si ese teléfono lo tiene un reducido número de personas. En el caso del 665040605, las 568 llamadas entrantes que se producen entre enero y marzo provienen de un total de 178 teléfonos distintos. Es absolutamente imposible que todo el mundo dejara repentinamente de llamar a Jamal Ahmidan al 665040605 después del 4 de marzo.
Pero entonces, ¿dónde están las llamadas que forzosamente tuvo que
recibir ese teléfono después de esa fecha? ¿Desactivó Amena por algún
motivo ese teléfono el 4 de marzo?
P.D.: Muy buena la recopilación de nuestro contertulio Asin sobre el viaje a Asturias los días 28 y 29 de febrero:
http://peones-negros.com/foro/viewtopic.php?t=4913
¿Cómo podemos tratar de averiguar qué es lo que estuvo haciendo Jamal Ahmidan en las fechas previas al atentado?
Una opción sería acudir a las declaraciones de los testigos (por ejemplo de su novia, o de Otman El Gnaoui, o de Hamid Ahmidan). Sin embargo, las contradicciones son tan enormes que esas declaraciones hay que tomarlas con pinzas. Sería preferible poder partir de una base algo más sólida.
Otra posibilidad es acudir al análisis de los datos telefónicos disponibles. Tampoco tenemos la garantía de que esos datos no hayan sido manipulados de alguna manera, pero por lo menos nos permiten reconstruir la historia oficial para luego poderla someter a análisis.
Acudamos entonces a esos listados telefónicos incluidos en los anexos del sumario y tratemos de ver qué nos dicen sobre las actividades de Jamal Ahmidan. Es importante que el análisis se realice con los datos originales (listados de llamadas, listados de posicionamiento y transcripciones telefónicas) y no con los informes policiales entregados al juez Del Olmo, porque éstos están llenos de errores en cuanto a las atribuciones de titularidad, en cuanto a las fechas, en cuanto a la utilización de terminales telefónicos y en cuanto a las propias listas de llamadas.
En el primer artículo de esta serie indicábamos cuáles eran los diez teléfonos atribuidos por la Policía a Jamal Ahmidan. Sin embargo, en ese listado hay que hacer unas cuantas correcciones. En primer lugar, hay que añadir otro teléfono, el 666877592, atribuido por la policía autónoma vasca a Jamal Ahmidan a raíz del peculiar episodio del tiroteo en Bilbao a Larbi Raichi. En segundo lugar, dos de los teléfonos atribuidos por la Policía a Jamal Ahmidan son bastante dudosos: el 653026053, porque la única llamada identificable que tiene a Marruecos no es a la familia Ahmidan, sino a los padres de los hermanos Oulad Akcha (lo que permite deducir que ese teléfono estaba siendo usado por uno de los dos hermanos); y el 656721703, porque la única llamada identificable que tiene es a Khalid Kounjaa, lo que permite suponer que ese teléfono estaba siendo usado por Abdenabi Kounjaa.
En consecuencia, nos queda un total de 9 teléfonos de Jamal Ahmidan, los cuales se pueden clasificar en cuatro grupos:
Utilizados en el último trimestre de 2003
Utilizados en el primer trimestre de 2004 (hasta unos días antes del atentado)
Utilizado en los días inmediatamente anteriores y posteriores al 11-M
Utilizado después del 11-M
¿Y qué datos proporciona el sumario acerca de estos teléfonos? En la tabla siguiente se indican los datos disponibles:
|
Teléfono |
Posicionamientos |
Llamadas |
|
637093220 |
No hay |
No hay |
|
656619534 |
No hay |
19/12/2003 a 1/1/2004 |
|
628052302 |
No hay |
1/1/2004 a 22/3/2004 |
|
665040605 |
27/2/2004 a 4/3/2004 |
3/1/2004 a 4/3/2004 |
|
666877592 |
1/1/2004 al 26/1/2004 |
1/1/2004 a 20/3/2004 |
|
665040501 |
No hay |
No hay |
|
665417513 |
No hay |
No hay |
|
652286979 |
5/3/2004 a 6/3/2004 |
5/3/2004 a 6/3/2004 |
|
639847428 |
17/3/2004 a 31/3/2004 |
17/3/2004 a 31/3/2004 |
Como vemos, los datos son bastante fragmentarios. Al sumario sólo se han incorporado los datos de posicionamiento de 4 de los 9 teléfonos y los datos de llamadas de otros 2. Y los datos de posicionamiento que se proporcionan tiene la peculiaridad de que los correspondientes períodos no se solapan (¡qué casualidad, caramba!).
Además de esto, contamos con las transcripciones telefónicas del teléfono de Otman El Gnaoui, donde aparecen varias conversaciones con Jamal Ahmidan previas al 11-M, y contamos también con los listados de llamadas de otras personas, de los cuales pueden extraerse algunas de las llamadas efectuadas o recibidas por el 637093220, el 665040501 y el 665417513.
¿Y con todo eso qué podemos sacar? Pues por lo pronto, utilizando los listados de posicionamientos del 665040605 y del 652286979, podemos reconstruir algo de las actividades de Jamal Ahmidan entre el fin de semana del transporte de los explosivos y el día 6/3, cinco días antes del atentado. Los listados de posicionamiento arrojan la información siguiente acerca de en qué zona estaba Jamal Ahmidan en cada momento:
Día 27/2/2004
Día 29/2/2004
Día 1/3/2004
Día 2/3/2004
Día 3/3/2004
Día 4/3/2004
Día 5/3/2004
Día 6/3/2004
Que un 75% de los españoles diga, según la encuesta que hoy publica El Mundo, que no se conoce toda la verdad del 11-M no me sorprende. Lo que sí me sorprende más es que haya quien piense que conocemos algo de verdad.
¿Qué es lo que hemos podido averiguar en todo este tiempo? Pues que las pruebas directas del caso, empezando por los propios trenes, se destruyeron a toda prisa. Que las pruebas aparecidas fuera de los trenes son, a todas luces, pruebas amañadas. Que las propias sentencias de la Audiencia Nacional dejan en el aire todo, desde la autoría intelectual, hasta la autoría material y la propia composición de los artefactos.
¿Entonces qué es lo que sabemos?
Pues, si nos atenemos a la sentencia, lo que sabemos es que alguno
(no sabemos quién) de los muertos de Leganés puso en los trenes unas
bombas de composición desconocida. Con tan mala fortuna que no tenemos
ni un sólo reconocimiento ocular creible de esos habitantes del piso de
Leganés en los trenes, ni tampoco funcionó ninguna cámara aquel día
para tener una imagen de esos terroristas accediendo a los vagones, ni
existe ninguna explicación para que en el piso de Leganés se juntara
gente de tan diversa procedencia. De hecho, según la propia encuesta de
El Mundo, uno de cada tres españoles no cree ni siquiera que los
muertos de Leganés tengan nada que ver no ya con la autoría
intelectual, sino ni siquiera con la autoría material del atentado.
Por no saber, ni siquiera estamos seguros de la identidad de
quienes nos dicen que murieron en Leganés. Ni, ya que estamos, de
cuántos muertos aparecieron en Leganés, como han puesto de manifiesto
las investigaciones de Rajmar, Atonita, Hernan, AuroraRo y otros en las
últimas semanas.
O sea, que El Chino existió y puso las bombas, pero ni sabemos quién
es El Chino ni cómo eran las bombas que puso. Ni tampoco sabemos a qué
pruebas recurrir para afirmar que ese Chino (fuera quien fuese) puso
las bombas.
De todos modos, como somos personas razonables, no tenemos ningún
empacho en reconocer que tampoco podemos demostrar, al menos por
el momento, que alguien apodado El Chino NO pusiera las bombas.
Así que, mientras dilucidamos si las puso o no las puso, sigamos con
nuestra biografía de ese presunto terrorista llamado Jamal Ahmidan y
tratemos de ir cribando los hechos, para quedarnos con los que sean
probablemente ciertos y descartar los que sean a todas luces falsos.
Por ejemplo: ¿dónde pasó los días inmediatamente anteriores al 11-M ese presunto colocador de bombas llamado Jamal Ahmidan?
La violencia es rentable. Es triste, pero es así: no es verdad que la sociedad tienda naturalmente a expulsar de su seno la violencia, o a los violentos. Por regla general, sucede todo lo contrario.
Marruecos es un país donde el terrorismo islamista ha causado algunas decenas de muertos y eso no sólo no ha generado un rechazo social contra el radicalismo islámico, sino todo lo contrario: el islamismo avanza electoralmente desde hace años de manera significativa, al igual que sucede en Turquía.
O, mejor dicho, sí que se produce inicialmente un rechazo social
aparente, pero acompañado de una aceptación parcial de los postulados
de quienes practican la violencia, con lo que a la larga se llega a
interiorizar como algo natural la violencia contra quienes no aceptan
esos postulados.
Así, en Marruecos, esas pocas decenas de muertos en atentados
terroristas han tenido un efecto enorme entre la sociedad: en los
últimos diez años, se ha producido un progresivo abandono de las modas
occidentales más atrevidas, por el temor de las mujeres a las
represalias. Igual que se ha producido un incremento llamativo en el
número de bares y restaurantes que no sirven alcohol, por temor también
a ser escogidos como objetivo por algún terrorista fanatizado.
En ambos casos, esas concesiones al radicalismo islámico no se realizan por imperativo legal, ni por convencimiento, sino por miedo. Pero el resultado es que, al cabo de unos pocos años, los planteamientos ideológicos de quienes han escogido la violencia como método se terminan asumiendo como uso social normal y quienes pasan a escandalizar a la sociedad son la que lleva minifalda o el que sirve alcohol.
Pero no tenemos que irnos tan lejos para ver un fenómeno similar. La violencia ejercida por el nacionalismo en el País Vasco ha conducido exactamente a una asimilación social idéntica de los planteamientos nacionalistas. Lejos de servir para aislar y tratar como apestados a quienes ejercen la violencia, esa violencia ha servido para que casi todo el mundo en el País Vasco termine interiorizando los postulados defendidos por el nacionalismo y tratando como apestados a quienes no comulgan con ellos. No eres vasco si no conoces el vascuence. No eres vasco si no pones a tus hijos nombres vascos. No eres vasco si te atreves a criticar el racismo paranoico de un Sabino Arana. No eres vasco si se te ocurre exhibir una bandera española. No eres vasco si no quieres más autogobierno. No eres vasco si te atreves a criticar la cara más siniestra del País Vasco.
Al final, quienes toman la calle y queman contenedores en nombre del nacionalismo más radical no causan escándalo social ninguno: la mayoría de la gente es perfectamente capaz de seguir tomando su cerveza mientras dos calles más allá lanzan cócteles molotov contra las fuerzas de seguridad. Lo que causa escándalo social es que alguien se atreva, por ejemplo, a llevar en la chaqueta un pin con la bandera española.
Psicológicamente, el fenómeno es siempre el mismo: como existe esa
violencia, sólo puedo hacer dos cosas: o enfrentarme a ella, o
mimetizarme con el entorno para no convertirme yo mismo en objetivo. Y,
a la larga, esa mímesis termina por conceder la victoria ideológica al
que usa la violencia. Está pasando en Marruecos y está pasando en el
País Vasco. Igual que pasó antes en la Alemania nazi, donde el partido
de Adolfo Hitler ganó las elecciones, no a pesar de utilizar la
violencia, sino precisamente por utilizarla.
Los que no se atrevían a enfrentarse a quienes usaban la violencia
contra los judíos o los comunistas, terminaban racionalizando su terror
y encontrando razones que explicaran por qué debía ejercerse esa
violencia. El famoso "algo habrán hecho", que siempre se aplica de la
misma forma, sea a los judíos en Alemania, a los no nacionalistas en el
País Vasco o a los que venden alcohol en un país árabe.
Ese "algo habrán hecho" funciona siempre, porque en realidad quiere
decir: "hay algo que yo debería hacer, pero no me atrevo a hacerlo". Y
es más asumible para nuestro propio ego cosificar a quienes son objeto
de violencia, encontrar justificaciones para que sean objeto de
violencia, que confesarnos a nosotros mismos que, en realidad, no somos
sino simples seres humanos que tienen miedo de enfrentarse con el
violento.
Lo que en el fondo buscamos todos cuando la violencia comienza a
ejercerse, no es sino una justificación que nos permita a la vez
sobrevivir nosotros mismos y salvar la cara: "¿Por qué tendría yo que
salir en defensa de ellos? Nadie ejercería violencia contra ellos si no
fueran como son. Además, ¿qué podría hacer yo solo, en cualquier caso?".
Viene todo esto a cuento de una noticia que me parece particularmente triste, porque quiere decir que esos mismos reflejos de miedo se están empezando ya a generalizar en todo Occidente: la editorial Random House ha retirado una novela sobre la mujer de Mahoma por temor a que incite "a la violencia", a pesar de que la novela trata con todo respeto tanto a Mahoma como al Islam.
Aquí no pasa nada porque se ataque a la Iglesia, porque se hagan exposiciones pornográficas con las figuras de Jesús o de María como protagonistas, porque se difame a la jerarquía católica o porque se emitan programas de humor soez a cuenta del catolicismo. Sin embargo, nadie en su sano juicio se atrevería a hacer lo mismo con el Islam.
¿Hace falta una prueba mejor de que la violencia funciona?
Ante quienes ejercen la violencia, no cabe componenda alguna, ni existe posibilidad de aplacamiento. Sólo vale una enmienda a la totalidad, sin concesión de ningún tipo. Lo único capaz de detener el ascenso de los violentos es una ofensiva total, continuada e inmisericorde de la sociedad contra quienes ejercen la violencia. Una ofensiva dirigida a que se avergüencen no sólo de sus métodos, sino especialmente de su ideología.
Porque cuando una ideología genera violencia es con la ideología con lo que hay que terminar. La violencia no es más que el método que una ideología perversa escoge para imponerse.
¿Se le ocurriría a alguien en su sano juicio hablar, hoy en día, de "nazis moderados" y "nazis radicales"? De ninguna manera. La sociedad occidental decidió proscribir el nacionalsocialismo de manera global, como ideología perversa que es. Pero entonces, ¿por qué hablamos de nacionalismo moderado y nacionalismo radical? ¿Por qué hablamos de islamismo moderado e islamismo radical?
No somos nosotros, es decir, los que somos objetivos de la violencia, quienes tenemos que salvar la cara a nadie. Si el nacionalismo conduce a la violencia, deberá exterminarse legalmente el nacionalismo en su conjunto. Y serán los propios nacionalistas quienes deban aislar, expulsar y aniquilar a los violentos si desean que su ideología sobreviva.
Y de la misma manera, deben ser los propios musulmanes quienes aíslen, expulsen y aniquilen a los que practican la violencia en su nombre. De lo contrario, no dejan a las sociedades occidentales más que dos caminos: o la sumisión completa, gracias a la presión de la violencia, o la proscripción global de una ideología que demuestra que no es capaz de evitar que se genere en su nombre violencia.
En primer lugar, véndasele a la población española que las bombas del 11-M se montaron en una casa de Morata propiedad de un miembro de Al Qaeda (Mohamed Needl Acaid). Eso sí, a ese miembro de Al Qaeda no sólo no se le imputa en la causa (debe de ser que las bombas se montaron en su casa por casualidad), sino que ni siquiera llega a tomársele declaración durante la fase de instrucción.
Luego, preséntese a dos hermanos sirios (Mouhannad y Moutaz Almallah) como los jefes de un peligrosísimo comando islamista cuya base de operaciones era un local en la C/ Virgen del Coro donde se habrían ido adoctrinando los que luego pondrían las bombas. Eso sí, como esos sirios, según todos los indicios, trabajan para nuestros propios servicios de información, luego se les absuelve de todos los cargos una vez que han cumplido su papel.
Deténgase a un centenar de magrebíes y árabes diversos, parte de ellos delincuentes comunes, parte de ellos confidentes y los restantes simples indigentes, hasta conseguir que todo el mundo se haga un auténtico jaleo con tanto Abdelramán, Abdelkader, Abdallah y Abdelilah. Luego condenamos sólo a tres imputados, uno de ellos español, pero como ya la gente se ha perdido y ha desconectado del tema, nadie se va a enterar.
Láncense unas cuantas intoxicaciones convenientemente elegidas que completen el decorado: terroristas cantando en círculo antes de hacerse estallar, llamadas de despedida dramáticamente interrumpidas por la explosión suicida, libros coránicos dispersos acá y allá, testigos vestidos de moro Muza, confidentes que huyen al extranjero, marroquíes que discuten con la guardia civil mientras un agente les multa por transportar explosivos demasiado rápido...
Con eso, se habrá conseguido que una mitad de la población acepte sin dudar el carácter islamista del atentado. Para la mitad restante, déjense unas cuantas pistas lo más ridículas posible que parezcan apuntar a que ETA estaba detrás de los "islamistas" autores de los atentados y déjese que quienes investigan el asunto mareen un poco la perdiz con esas chorradas.
Finalmente, si a alguien se le ocurre cuestionar las pruebas en que está basada la atribución del atentado a los supuestos "islamistas", procúrese enmarañar lo más posible el tema, para que al final nadie sepa si la Kangoo tenía Titadyne contaminado, si la mochila de Vallecas apareció en Alcalá tres meses después de los hechos o si el Skoda fue desguazado 48 horas después de que el piso de Leganés estallara.
Para evitar que el guiso se corte, procúrese dedicar el personal suficiente (no en vano hemos aumentado la plantilla de La Casa en un 50%) a enredar sin descanso en el terreno de las organizaciones de víctimas y movimientos cívicos, tratando de crear el máximo posible de malestar interno, no sea que a alguien se le ocurra organizarse para empezar a hacer preguntas.
Una vez ligada la salsa, dese carpetazo al asunto y sírvase con una sentencia bizcochada.
Nota: El plato debe comerse caliente, que se nos echa el tiempo encima y todavía no hemos podido aprobar los nuevos estatutos.
Me resulta ciertamente repulsivo contemplar en estos días cómo se vuelve a intentar manipular a la sociedad española con respecto al terrorismo de ETA. Esta vez a cuenta de la salida de De Juana de la cárcel.
De Juana es un asesino miserable. Todos lo sabemos. Y es una auténtica vergüenza que salga a la calle habiendo cumplido menos de un año de condena por cada persona a la que quitó la vida. Es indignante que a los pistoleros del nacionalismo les salga tan barato matar.
Pero el responsable de que De Juana haya salido de la cárcel no es De Juana, sino quienes han permitido que salga. Por tanto, vaya desde aquí mi desprecio hacia todos los que, habiendo contribuido a que hoy De Juana esté libre, pretenden encima redirigir nuestra rabia por esa salida de la cárcel hacia el propio De Juana.
El desprecio de la sociedad debe dirigirse, por ejemplo, a aquellos gobiernos de Felipe González que (como recuerda Francisco José Alcaraz en un artículo) se negaron a atender las reiteradas propuestas parlamentarias del PP para que se endurecieran las penas por delitos terroristas. Si se hubiera aceptado aquella reforma legal, los delitos cometidos por De Juana podrían haber sido castigados con mayor dureza y De Juana no habría tenido la posibilidad de acogerse a determinados beneficios penitenciarios.
O debe dirigirse a la Fiscalía controlada por el gobierno del señor Zapatero, que rebajó la petición de penas cuando se volvió a enjuiciar a De Juana por los artículos amenazantes que había publicado, rebaja que sólo perseguía seguir tratando a ETA con guante blanco durante el falso proceso de paz que Zapatero puso en marcha.
O debe dirigirse hacia todos los que, desde instancias políticas y terminales periodísticas, hablaron de las "razones humanitarias" que había para excarcelar a De Juana a cuenta de su huelga de hambre con jamón york, ofendiendo gravemente a las víctimas del terrorismo.
O debe dirigirse a quienes, conociendo desde hace tres años las trampas efectuadas por De Juana para redimir parte de su condena, no han movido un dedo para que esas redenciones de pena fueran anuladas judicialmente.
¿Y ahora esos mismos pretenden que la indignación de la sociedad por su salida de la cárcel se canalice hacia el propio De Juana? ¿Ahora esos mismos, como por ejemplo Zapatero, dicen que De Juana es despreciable, cuando son ellos los responsables de que salga a la calle?
¡Váyanse ustedes a tomar viento!
Nuestro desprecio contra De Juana proviene de que es un asesino
cobarde y miserable. Le despreciamos por sus terribles crímenes. Pero
no vamos a dirigir nuestra frustración por su salida de la cárcel
contra el propio De Juana. Porque los responsables de que ese asesino
en masa salga de la cárcel son ustedes, no él. Y es a ustedes a quienes
despreciamos por ello.
Porque tenían en su mano evitar que saliera a la calle y no lo han hecho.
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